Madre del Creador

De las oraciones de Santa Catalina de Siena. (Oración XI, en el día de la Anunciación)

Oh María, ¿te turbaste por miedo a la palabra del ángel? No parece, mirándolo a la luz de Dios, que te turbases por miedo, aunque mostrases algún gesto de admiración y alguna turbación ¿De qué te maravillaste? Ciertamente, porque veías la gran bondad de Dios y te admirabas, considerándote a ti misma, cuan indigna eras de recibir tan grande gracia. Estabas, pues, admirada y estupefacta ante la consideración de la grande e inefable gracia divina en ti infundida y la consideración de tu indignidad y debilidad. Así, pues, preguntando con prudencia demostraste tu profunda humildad. Así que, como queda dicho, no tuviste temor sino admiración ante la inmensa bondad de Dios y la consideración de tu pequeñez y de la casi nulidad de tu valía.

Tú, oh María, hoy fuiste hecha libro en que se halla descrito nuestro modo de actuar. En ti hoy se halla descrita la sabiduría del Padre eterno, en ti hoy se manifiesta la fortaleza, la dignidad y la libertad del hombre. Digo que se manifiesta la dignidad del hombre porque, si te miro a ti, María, veo que la mano del Espíritu Santo describió hoy en ti a toda la Trinidad, cuando formó en ti la Palabra encarnada, el Hijo unigénito de Dios: describió en ti la sabiduría del Padre, es decir, la misma Palabra, unigénito de Dios; describió también la potencia del mismo Padre, pues fue poderoso para realizarlo; describió la clemencia del mismo Espíritu Santo, pues sólo por benevolencia y clemencia divina fue llevado a cabo tan grande misterio”.

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