“No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera…”

“ Mi corazón se multiplica para ser entero para cada uno de los pobres que se ven necesitados y me ocupo de sus penas como mías”.

Ángela Guerrero González nació en Sevilla el 30 de enero de 1846 y es bautizada el 2 de febrero en la parroquia de Santa Lucía. De familia muy numerosa y pobre. Su padre, Francisco, era cocinero del convento de los Trinitarios, y su madre, Josefa, costurera allí mismo. Ángela creció en un piadoso ambiente familiar, en el hogar aprendió a rezar el rosario y las oraciones de mayo a la Virgen María. A los doce años tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a su familia como aprendiz en la zapatería Maldonado, donde también se rezaba diariamente el rosario y tuvo sus primeras experiencias místicas.

De 1862 a 1865, Ángela reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita. En 1865 se cierne una oleada de cólera sobre Sevilla que azota a las familias pobres hacinadas en los “corrales de vecindad”. Ángela se multiplica para poder ayudar a estos hombres, mujeres y niños castigados por la miseria. Y en ese mismo año pone en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de “meterse a monja”.

Quiso entrar en las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz, pero no la admitieron por temor a que no pudiera soportar los duros menesteres del convento en su cuerpo menudo y débil. Más tarde ingresó en las Hermanas de la Caridad, pero hubo de salir del convento al enfermar. Viendo, que no podía ser monja en el convento, se dijo a sí misma:          “seré monja en el mundo” e hizo los Votos religiosos. En 1873 Ángela pone en manos del doctor Torres Padilla unas reflexiones personales en las que se propone, no vivir siguiendo a Jesús con la cruz de su vida, sino vivir permanentemente clavada en ella junto a Jesús. De ahora en adelante se llamará Ángela de la Cruz.

Su mente y su corazón inquietos comienzan con una idea que continuamente le asalta. Formar la “Compañía de la Cruz”. El 17 de enero de 1875 comienza a trazar su proyecto, que se verá colmado por el éxito. Ángela encuentra a tres compañeras: Josefa de la Peña, Juana María Castro y Juana Magadán. Con el dinero de Josefa Peña alquilan su “convento”, un cuartito con derecho a cocina en la casa número 13 de la calle San Luis. Desde allí organizan su servicio de asistencia a los necesitados a lo largo del día y de la noche. Poco después se trasladan al número 8 de la calle Hombre de Piedra y comienzan a adquirir notable consistencia en el clima religioso de Sevilla. En 1876 consiguen la admisión y bendición del Cardenal Spínola. La compañía va a crecer y con ella el agradecimiento del pueblo sevillano y de todos los rincones de Andalucía donde llega el espíritu de Sor Ángela. Empezaron a recoger niñas huérfanas de los enfermos a quienes atendían , por eso pasaron a otra casa más grande en la calle Lerena, donde ya pudieron contar con la presencia de la Eucaristía.

La austeridad será la nota distintiva de sus casas. La empiezan a seguir bastante jóvenes y mayores que quieren imitar a Sor Ángela y seguir su mismo género de vida. La misión de estas hermanas es dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, buscar casa a los peregrinos, visitar y cuidar a los enfermos y velarlos sacrificando su reposo. Son todas para los pobres, mirándolos no sólo como hermanos sino como señores, acompañándolos siempre y permaneciendo a su lado. Roma da aprobación a su Obra. El 2 de marzo de 1932 falleció, siendo sus últimas palabras: “no ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera…” Unas setenta mil personas desfilaron ante el cadáver de Santa Ángela de la Cruz. El ayuntamiento de Sevilla aprueba en sección extraordinaria que se cambie el nombre de la calle Alcazares por Sor Ángela de la Cruz. Como afirma José María Javierre en su obra Madre de los Pobres: “que yo sepa, es el único caso en el mundo. Existe una ciudad donde pronunciáis el nombre de una persona y todos sus habitantes, todos, sonríen. Era buena, era santa”.

El Papa Juan Pablo II la beatificó en Sevilla el 5 de noviembre de 1982, proclamándola Santa el 4 de mayo de 2003. El ayuntamiento de Sevilla ha rotulado de nuevo la calle que lleva su nombre por el de Santa Ángela de la Cruz. Y decenas de sevillanos pasan todos los días por la capilla donde se encuentra en una urna de vidrio el cuerpo incorrupto de Santa Ángela a rezarle, a pedirle, a estar cerca de quien es todo un icono de la caridad en Sevilla. Siempre hay flores frescas, siempre hay algún devoto rezando, siendo el 2 de marzo, aniversario de su muerte, cuando la cola de personas alcanza una media de dos horas y media de espera hasta llegar adonde se encuentra el cuerpo de Santa Ángela.

Como dato curioso, podemos decir, que las Hermanas de la Cruz, tienen desde 1906 el privilegio de vestir a la Patrona de nuestra Archidiócesis, la Virgen de los Reyes. Y desde el año 2009 sale en el cortejo de la procesión del Corpus de Sevilla la imagen de Santa Ángela que se encuentra en la Catedral. Siempre unidas a la ciudad de Sevilla son momentos muy esperados y muy emotivos para los sevillanos en Semana Santa el paso de las Hermandades de La Amargura, Los Javieres, El Carmen, La Macarena , Los Gitanos y La Resurrección por el convento donde se detienen para oír los cánticos de las hermanas de clausura. El 5 de noviembre se celebra su festividad coincidiendo con la fecha de su beatificación, realizándose un importante acto litúrgico. Ese mismo día se celebra especialmente en la Iglesia de San Juan de la Palma, la más cercana a su convento y en la basílica de la Macarena, al haber sido las Hermanas de la Cruz madrina de su coronación canónica.

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