‘Dios quiere hablar contigo’- Formación permanente 01

IDEA CENTRAL

La Buena Noticia que ha llegado a nosotros consiste en que Dios nos amó primero (Jn 4, 19)

NUESTRA FE

El ser humano es “capaz de Dios”: un ser finito con sed de infinito. Dios es familia divina, relación infinita entre tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es un misterio de Amor, que se manifiesta como Es.

Dios ha intervenido e interviene en la historia humana y a través de esas intervenciones ha revelado, de forma definitiva a través de Jesucristo, el misterio de su divinidad y su voluntad de salvarnos. Por eso, la fe cristiana es adhesión a Jesucristo y acogida de Dios mismo que, en Él, se nos revela para nuestra salvación. Esta revelación concierne a todos los seres humanos, a todas las generaciones, a todos los pueblos: tiene un alcance universal.

Nuestra existencia no es fruto del azar, ni de la necesidad, sino de un amor personal, el de Dios, que pensó en nosotros, nos deseó, nos amó, nos eligió, nos llamó a la existencia para que pudiéramos llegar a conocer y amar con Él, participando de su misma santidad de vida y amor. Somos familia de Dios, que nos hace hijos por su hijo Jesucristo. Somos la gran familia de los hijos de Dios, y, por tanto, todos somos hermanos.

Nada de lo creado es Dios. Él nos trasciende a todos y a todo, pero toda la creación nos habla de Dios. Cada generación y cada ser humano reemprende de nuevo la búsqueda de la plenitud, la búsqueda de Dios. La revelación de Dios y de su designio de amor, cuyo centro y plenitud es la persona de Jesucristo, está destinada a alcanzar a todos los seres humanos.

El deseo de Dios está inscrito en el corazón del ser humano, porque toda persona ha sido creada por y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en Dios encontrará el ser humano la verdad y la felicidad que busca continuamente.

Al hablar de Dios, nuestro lenguaje se expresa de modo humano, pero capta realmente a Dios mismo, sin poder, no obstante, expresarlo en su infinita simplicidad ni agotar su misterio.

 

DIALOGAMOS JUNTOS

Mirada creyente

Para muchos Dios no existe, y viven como si todo dependiera de ellos. Otros piensan que ellos son el centro de la vida y que todo debe girar entono a ellos. Si, nuestra vida está llena de momentos, de experiencias, de vivencias, noticias…, de mucho ruido y tareas.

Sin embargo, Dios se acerca cada día a nosotros de mil maneras y lo hace especialmente a través del mensaje de Jesús, que se concreta en la vida que nos ofrece, la comunidad de creyentes que es la Iglesia. No hablamos solo de una enseñanza, de una doctrina, hablamos de que todos somos hijos de Dios y por eso todos nosotros somos hermanos.

Los cristianos no solo reconocemos que Dios existe, sino que el mismo se nos revela, se nos manifiesta, se hace uno de nosotros, se hace historia. Cuando reconocemos esto sabemos que Él nos lleva de su mano. Dios nos amó primero. Este es un mensaje de amor al que los hombres y mujeres de nuestro tiempo no podemos ni renunciar, ni olvidar. Dios tiene un mensaje para ti: Es tu Padre, tu Hermano, tu Amigo.

No hay más, si los seres humanos anhelamos belleza, bondad, alegría, paz todo eso solo nos lo dará Dios, aunque no creamos en Él, aunque no le correspondamos. Dios se nos da sin medida, se manifiesta como Es. Este es el mensaje cristiano. Dios te ama como eres y te quiere hasta el fin. Esto no es un sueño, es una realidad que millones de personas siglo tras siglo han experimentado en su vida.

Una pregunta ¿Cómo he manifestado a otros mi alegría y confianza de creer en un Dios revelado en Jesucristo?

Reflexión desde la vida cristiana

 Como cristianos todos, hemos de saber acoger a Dios que se revela, se manifiesta y se da a nosotros. “Te bendigo Padre porque has revelado estas cosas a los sencillos” (Lc 10,27). Sin sencillez evangélica será imposible acercarse al misterio que nos ha sido revelado.

Quizás muchas veces a lo largo de nuestra historia personal hemos dudado de que Dios se ha revelado en Jesucristo y esto lo hemos manifestado de mil maneras en nuestras vidas. Probablemente sin pensar que acoger a Dios en Jesucristo supone un nuevo modo de pensar, sentir, actuar y vivir. Nos hace hombres y mujeres nuevos, renovados cada día, cada momento del día por la suave brisa donde se manifiesta el Amor de Dios hacia nosotros, a pesar nuestra.

Cada día Jesús nos carga en sus hombros, como Buen Samaritano y nos lleva a la posada de la Misericordia, allí nos cuida y sostiene para que podamos seguir el camino de la vida, hasta el encuentro definitivo con Él.

Pero sabemos bien, que la idea que los demás se hacen del cristianismo tiene que ver directamente con nosotros, con nuestra manera de vivir y de manifestarlo. Pero también a través de la familia, de la educación, de la cultura…, cuanta responsabilidad tenemos ¿somos conscientes de esto?

Sin autenticidad en nuestra vida, en nuestros gestos, en nuestras reacciones ante tantos problemas que la vida nos presenta cada día, poco podremos hacer. Sin duda, la mediocridad y la superficialidad de la vida de tantos bautizados y de nuestras estructuras minan la credibilidad del cristianismo en medio de nuestra sociedad.

Todo aquel que actúa conforme la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que el hace está inspirado por Dios” (Jn 3, 21). ¿Cuántas cosas tendremos que modificar en nuestras vidas para facilitar la acogida de Dios revelado en Jesucristo por parte de las personas de nuestro entorno?

Un compromiso abierto a los demás

 Lo más difícil es concretar algo que nos haga cambiar nuestra vida y nuestra relación con los demás. Ese cambiar siempre debe de estar basado en la vivencia de la fe y de la conversión. Sin duda, nuestra conversión al Evangelio no consiste en un esfuerzo titánico para cambiarnos y mucho menos para cambiar a los demás.

Más bien la conversión es expresión agradecida ante el don inmenso que hemos recibido. Por eso cada compromiso que hagamos abierto a los demás debe ser siempre una acción de gracias. Pasando de las palabras a los hechos, de las ideas a las propuestas y de los proyectos a las acciones.

Que importante es que expresemos con hechos nuestra gratitud a Dios por todo lo que hemos recibido en Jesucristo. Así como, que llevemos adelante el deseo de dar a conocer la vida cristiana amigos y conocidos, a cuantos nos rodean, con una vida sencilla y con unos gestos cercanos y creíbles, no es fácil, pero ese es el camino.

[su_divider text=» » size=»1″]

[su_divider text=» » size=»1″]

VÍDEO DE LA PRIMERA SESIÓN DEL FORO PERMANENTE ONLINE

(*) Estos textos están inspirados en el Itinerario de Formación Cristiana de Adultos – Ser cristianos en el corazón del mundo-, de la Conferencia Episcopal Española, publicados por la Editorial EDICE.