La clave no está en ser padres perfectos

Hace ya años, cuando Lourdes y su marido se plantearon la entrada de sus hijos en el colegio, la premisa fue que querían para ellos una formación no solo académica sino también humana y religiosa. Era un paso importante en su vida familiar que venía marcado por una opción fundamental: querían criterios claros y verdaderos con el recurso de una buena y continuada formación para poder recorrer el camino de la vida familiar teniendo fuertes asideros. Querían lo mejor para sus hijos, por lo que eran ellos, los padres, los primeros que debían recibir esa formación integral; como progenitores y como esposos.

La clave no estaba en tener que ser padres perfectos -que nunca seremos-, siempre en lucha y con sentimientos de frustración, sino padres que nos quisiéramos bien y por ello, trabajar positiva y humildemente en la construcción de nuestra familia como la empresa más importante de nuestras vidas.

Cuántas veces hemos escuchado y proclamado cuando nos encontrábamos en situaciones en las que no sabíamos por dónde tirar que “los hijos -y la vida, añado yo- vienen sin manual de instrucciones”. Hoy podríamos decir, salvando las distancias, que vienen como los móviles de última generación que requieren auto aprendizaje, educación y manuales para su buen uso.

Las distintas etapas de la vida familiar vienen en la mayoría de los casos precedidas por crisis que anuncian cambios. Cambios que en muchos casos son “de libro”, de los que no hay que asustarse y para los que hay “recetas de libro”. Tomemos las riendas. Es buen ejemplo de ello la llegada del primer hijo al mundo, que cambia  la manera de ver al otro, de vernos incluso a nosotros mismos, generando ciertos desconciertos que debemos reconocer y saber gestionar para el  buen funcionamiento de nuestras relaciones.

Estar avisados con una formación que dé recursos, ayudará a encajar bien los cambios.  El nacimiento de los hermanos, la incorporación de la madre al trabajo fuera de casa, pérdidas de empleo, la necesidad de acuerdos en el matrimonio sobre cómo abordar la conciliación familiar y laboral, las relaciones de cada cónyuge con  su familia de origen y con la del otro, diferencias en los enfoques en la educación de los hijos, etapas nuevas en la vida de estos, enfermedades, y un sinfín de etcéteras, suponen cambios que en  muchas ocasiones generan desacuerdos,  tristezas, incomprensiones, silencios e incluso el distanciamiento del matrimonio y crisis familiares que difícilmente llevadas abocan en rupturas vitales.  Crisis de libro que sin embargo tienen sus propias  peculiaridades, pues cada cónyuge, cada hijo, cada familia consorte, cada situación y su contexto tiene sus particularidades.

Antiguamente se decía: “Hemos educado a todos igual y cada uno ha salido de una manera”. Esta frase era la causa-efecto de una educación donde no se había descubierto tan a las claras que cada hijo era único. Cada situación también es única.

El hecho de “sufrir” estas “novedades” provoca compartirla con otros, familiares y/o amigos para encontrar soluciones o vías de escape. Aquí surge la pregunta cuya respuesta será clave y puede marcar el devenir de los acontecimientos: ¿A quién acudimos? ¿Recibiremos una respuesta para la construcción y la lucha o nos invitarán a tirar la toalla? ¿Serán respuestas sólidas basadas en el profundo conocimiento del ser humano y las dificultades a qué se deberá enfrentar por ley de vida o serán respuestas marcadas por la inercia de una sociedad y unos egos que favorecerán el abandono en lugar de promover la lucha constructiva con todas la dificultades que ello entraña pero que sin duda fortalecerán positivamente a la persona y su entorno?

La opción fundamental que mencioné  al principio debe estar orientada a una meta clara y que urge definir cuanto antes: construcción y lucha o abandono y “recomienzo” -con todos los matices que puede tener ese “recomenzar”-.

La Iglesia, centrada en Cristo Cabeza que nos dijo: “No temáis, Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”, desde sus Centros de Orientación Familiar ofrece el recurso de una formación integral de la persona y la familia mediante seminarios, conferencias, talleres y ciclos formativos, y el acompañamiento personalizado a la misma, por el profundo conocimiento que tiene del ser humano, de sus limitaciones y de sus grandes capacidades, que orientadas al Bien y la Verdad -con mayúscula- permite que salvemos la empresa más importante de nuestra vida : NUESTRA FAMILIA.

Lourdes Cruz. COF Aljarafe
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