San Francisco Javier (C)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-11):

EN aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».

Comentario

Vendrán muchos

Un centurión, en la Palestina de los tiempos de Jesús, forzosamente era alguien que incomodaba sobremanera a los judíos. Era el brazo ejecutor de la potencia ocupante, además de un pagano, alguien alejado por completo del estricto mundo hebreo que se sabía pueblo elegido por Dios. Y, sin embargo, con toda su carga negativa a los ojos de sus interlocutores, Jesús lo escoge para ejemplificar la fe que ve escasear en los judíos de pura cepa, podríamos decir. Si eso en sí no fuera escandaloso, si no hubiera supuesto una conmoción para quienes hubieran presenciado el diálogo, el Señor se encarga de remachar la escena: «Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos». ¿De oriente y de occidente?, ¿que no son judíos?, ¿que van a compartir mesa en el banquete con los venerables patriarcas del pueblo de Israel? Parece una broma, pero no lo es. Hoy celebramos al jesuita San Francisco Javier, patrono universal de las misiones, que volcó incansable su vida para que de oriente -Japón, China, India, las islas de la Especiería- pudieran sentarse muchos en el banquete celestial. A nosotros, cristianos de la Vieja Europa, nos suele chocar tanto como a los judíos del Evangelio la vitalidad que demuestran las Iglesias asiáticas. En este tiempo de Adviento que arrancamos, deberíamos procurar avivar nuestra fe para que no se nos pueda decir: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe». Quien dice Israel, dice Sevilla, España, Europa…

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