San Andrés Dung-Lac y Compañeros (B)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-40):

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.


Comentario

Los saduceos niegan la resurrección y vienen a Jesús trayendo un supuesto extremo, tratando de ridiculizarlo.
Cualquiera hubiera contestado: “cuando resuciten no será esposa de ninguno porque al verla venir los siete saldrían corriendo, pues los siete murieron junto a ella”.
Ante la ignorancia, muchas veces, se responde con la burla. A Jesús le dan pie para enseñar a entender las realidades temporales para poder vivir las eternas.
En este mundo el matrimonio es la ayuda eficaz para aprender a vivir en el amor: en el desprendimiento, en el salir de uno mismo para darte por entero, en la comunión de vida. Cuando resuciten serán como ángeles: será el vivir la contemplación, el vivir la plena comunión con Dios.
Pero ¿si no entendemos las realidades de este mundo, que son ayudas o instrumentos para aprender a amar, cómo entenderemos la realidad del cielo que es vivir el amor en plenitud?

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