“Lo mío con Jesús fue una auténtica pasión”

Sor María Inés de Jesús es Carmelita Descalza . Nació en Buenos Aires (Argentina). Entró a los 20 años a la congregación y en el Convento de San José “Las Teresas” lleva “casi toda la vida”.

La familia de sor María Inés no era creyente, sin embargo, ella muy pronto sintió cierta inquietud religiosa. Desde siempre se había formulado preguntas que nunca obtenían respuestas y que se agravaron tras la muerte de un compañero en un accidente, cuando ésta apenas tenía 17 años. “Esto me hizo cuestionarme el sentido de mi vida”.

Llegar a todo el mundo con la oración

Su insatisfacción creció y un año más tarde recuerda que se sentía insatisfecha “pese a tener una familia que me quería y un grupo de amigos estupendo”. Fue entonces cuando una compañera de trabajo, católica, le invitó a participar en la Eucaristía. “Cuando terminó yo tuve la certeza de que allí estaba Jesús” y desde entonces quiso repetir. Juntas comenzamos un proceso “precioso” de catequesis que en poco tiempo permitió que sor María Inés se implicara activamente en distintos grupos parroquiales.

Fue precisamente en la parroquia donde conoció el testimonio de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia: “recuerdo que una de ellas me deslumbró, era especialmente brillante”. Gracias a ésta y a través de la oración, esta argentina descubrió su vocación a la vida religiosa y con 20 años ingresó en las carmelitas descalzas. “Me pareció una vocación excelsa. Me entusiasmó la alegría de las hermanas, la vida en fraternidad y poder llegar a todo el mundo con la oración”.

“Cuando el Señor te mira, es irresistible. Sientes que eres única y no te deja nunca”

Aunque sólo habían pasado dos años desde su conversión, esta religiosa defiende que “el convertido tiene otros ritmos” y con una sonrisa que recuerda a una enamorada confiesa que “lo mío con Jesús fue una auténtica pasión”.

Su decisión causó una gran oposición en su familia, que llevaron a cabo distintos y numerosos intentos para sacarla del convento. Pero ella no dudó: “cuando el Señor te mira, es irresistible. Sientes que eres única y no te deja nunca”.

El regalo de cuidar a las mayores de la comunidad

Tras varios años, ella sintió que le faltaban raíces y pidió venir a España a conocer de cerca el legado de la fundadora, Santa Teresa. Así llegó a Sevilla, concretamente al convento conocido como Las Teresas. Aquí lleva “casi toda la vida”, en una comunidad que actualmente cuenta con 17 hermanas, desde los 40 a 90 años. A las mayores las describe como “columnas de la comunidad” y se congratula por tener asignado el cuidado de una de éstas: “es una dulzura, un regalo poder cuidarla”.

Y también es una dulzura hablar con sor María Inés, cuyo rostro transmite paz y sus palabras docilidad. “Mi vida religiosa se resume en una acción de gracias por vivir dentro de la Iglesia”. Desde estas líneas sabemos que también la Iglesia tiene que agradecer su testimonio, y el de tantas otras religiosas que entregan diariamente su vida de forma anónima.

 

 

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