“Todo está cumplido” (Juan 19, 30)

“Todo está cumplido.” – (Juan 19, 30).

Jesús tenía una misión,

hacer lo que estuviera en su mano,

y el resto para nosotros quedó.

Jesús tenía algo que hacer,

amarnos a todos como Él nos amó.

Podrían haber sido las cosas de otro modo, podríamos haber disfrutado de Cristo ayudándole a transformar todo en paraíso. Pero el hombre es duro de cerviz, duro en su cambiar, duro en la humildad, duro en amar. Por ello Cristo sabía lo que tenía que hacer, predicar en el desierto para que algunos, al menos algunos crean por Él. No buscaba masas ni multitudes, buscaba corazones abiertos, espíritus indómitos, brazos ofrecidos y hombres que no caminen solos.

El caminar de Cristo es misión,

el amar de cristo es latido de su corazón.

No se trata de conseguir o no,

tan solo de sacar de todos lo mejor.

Cumple el mandamiento, el mandato, la orden, su obligación pero también su sustento. Cumple con creces, generosamente cumple. Ya que no solo nos enseña, nos ama y enriquece, sino que aún nos da más, nos da hasta su muerte.

La grandeza de Jesús es no pararse a contar, más que historias

La grandeza de Jesús es todo su obrar, más que restas y divisorias.

La grandeza de Jesús es cómo fue su caminar, multiplicando glorias.

Cristo dio su vida, pero aunque nos parezca que fue una vez hace más de dos mil años, lo cierto es que es cada vez en todos estos días que sigue cumpliendo con su mandato. Él es testimonio y entrega, así nos dejó el patrimonio de su eterna promesa. Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicisteis, del mismo modo que lo que hacemos con este pan y este vino lo hacemos con su cuerpo y sangre derramados.

Derrama su grandeza, en incontable medida,

Derrama su belleza, en inigualable comida,

Derrama su ser, sin pedir nada a cambio,

Derrama su gracia, a los sencillos y no sabios.

La certeza de Dios es hacer de una orden expresión de su amor, es por ello que si en algo nos sentimos obligados, si nos descubrimos fatigados y desmotivados, si no podemos más por el cansancio de los buenos, no olvides nunca que con Él, con Él todo lo puedo.

Por Carlos Carrasco Schlatter

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