Santos Joaquín y Ana (B)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,16-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»

Comentario

Se os ha concedido conocer los secretos

Hay muchos que disfrutan con los misterios. Gente aficionada a los secretos, las conspiraciones y los ocultismos que hay que ir descubriendo paso a paso, en una progresión constante y secuenciada como una escalera por la que ir ascendiendo en los arcanos. Pero el Evangelio no es nada de eso. Todo está a la vista. De un golpe, no hay progresión ni ocultación de nada, porque el amor de Dios que todo lo ha creado está al alcance de cualquiera. También su Palabra, fuente de agua viva. En el fragmento del evangelista Mateos tenemos la razón de que Jesús hable en parábolas, tan extraña a nuestro razonamiento cartesiano pero tan grata a la mentalidad oriental de aquellos tiempos. Jesús habla en parábolas «porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender». A ver si así lo entienden, a ver si de esa manera captan la riqueza que encierra la Palabra de Dios. No es un problema de velos ni pantallas, sino de apertura del corazón. «Muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron». Basta con desembotar el corazón, circuncidarlo como ordena el Deuteronomio, para que el misterio de la fe penetre en nosotros.

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