MARIANO LÓPEZ-CEPERO Y MURU

Fiel cristiano laico
* Cazalla de la Sierra (Sevilla), 24 de enero de 1883
† Cazalla de la Sierra, 5 de agosto de 1936
53 años

Nació el 24 de enero de 1883 en Cazalla de la Sierra (Sevilla) y fue bautizado el 27 del mismo mes en la Parroquia de Nuestra Señora de Consolación de la villa natal. Se le impuso por nombre Mariano de la Paz, Francisco de Paula, Timoteo de la Purísima Concepción y de la Santísima Trinidad. Sus padres fueron Francisco Teodomiro López-Cepero Angulo, abogado y propietario, y María de los Dolores Muru Lazcano.

Realizó estudios en el internado de los Jesuitas del Colegio de San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María (Cadiz). Allí fue Secretario de la Congregación de la Inmaculada y San Estanislao de Kostka en 1894. Contrajo matrimonio canónico con María Luisa Arbizu Prieto, soltera, de 22 años, natural de Sevilla, el 26 de abril de 1912 en la Parroquia de San Lorenzo de la ciudad de Sevilla. En el momento de su asesinato el matrimonio tenía nueve hijos.

Mariano López-Cepero, por su condición de propietario, fue nombrado en 1924, durante la Dictadura de Primo de Rivera, Primer Teniente de Alcalde de Cazalla de la Sierra (en realidad ejerció de Alcalde Accidental ante la reiterada ausencia del Titular); su hermano José María, líder de la Liga Católica de Sevilla (organización confesional impulsada por el Beato Cardenal Spínola en 1901) fue en esta etapa Presidente de la Diputación Provincial y de la Unión Patriótica. Su inmediata labor contra las corruptelas municipales, no secundada por la autoridad provincial, propició su renuncia que -por unanimidad- no fue admitida por la Corporación; a él y a su hermano Gabriel les notificaron la prohibición de entrar en el Ayuntamiento e, incluso, se planteó la deportación; la inspección gubernamental enviada a Cazalla manifestó el recto proceder de los López-Cepero siendo confirmados en sus responsabilidades. En su condición de representante del municipio facilitó la instalación del Colegio de las Hermanas de la Doctrina Cristiana solicitada desde el Arzobispado y la entronización del Sagrado Corazón de Jesús (1927) en el Ayuntamiento. En julio de 1928 presentó su dimisión irrevocable poco después de que su hermano José María abandonase también sus encargos de la política provincial.

En las difíciles circunstancias padecidas en Cazalla por los católicos (en particular su Párroco Antonio Jesús Díaz Ramos) durante la Segunda República en aplicación de la legislación secularizadora y laicista, López-Cepero se vinculó a Acción Popular y formó parte de la Junta de Subsidios de la Parroquia que procuraba fondos para su sostenimiento en 1932. Con su actitud procuraba paliar y llegado el momento corregir una legislación que en Cazalla se había traducido en impedir la salida del Viático a los enfermos; problemas con el toque de campanas; prohibición de uso público del ritual en los entierros e instalación de cruces en las sepulturas; también los centros educativos dirigidos por religiosos; rotulación de las calles; o que el registro de la casa rectoral y la Parroquia en mayo de 1936 bajo acusaciones falsas.

Al producirse la sublevación militar el 18 de julio de 1936, uno de los primeros detenidos por las autoridades fue el Párroco Antonio Jesús Díaz Ramos; durante su cautiverio pudo conocer la destrucción de todo lo que estaba relacionado con la Iglesia en Cazalla y, tras padecer amenazas y burlas, fue objeto de una muerte martirial el 5 de agosto de 1936. Dos días después de la sublevación, a las siete de la tarde del 20 de julio, la casa de este cristiano comprometido y ejemplar fue rodeada por medio centenar de alborotadores armados con escopetas; no opuso resistencia cuando le pidieron amenazadoramente que le acompañasen al Ayuntamiento donde había otros en su misma situación. Al poco, este cristiano de fe sólida, ejemplar en su vida y empresas, pasó a la cárcel donde también recalaron dos de sus hijos. En ella se comportó con entereza a pesar de la situación familiar que había dejado atrás. En la celda junto a su hermano Gabriel (denominada por todos “La Capilla”), el Coadjutor y otros, se rezaba diariamente el Santo Rosario siendo habitual escuchar de sus labios “filial confianza en la Santísima Virgen”. Fueron diecisiete días de cautiverio no exentos de vejaciones.

El 5 de agosto, sobre las tres de la tarde, después de haber visto marchar a dos de sus hijos sin saber dónde los llevaban, todos los presos de la cárcel fueron acribillados a balazos y con bombas. Además de él y del P. Antonio Jesús Díaz Ramos, entre el más de medio centenar de víctimas se encontraban el seminarista Enrique Palacios Monrabá asesinado junto a su padre Manuel Palacios Rodríguez, Cristóbal Pérez Pascual y Gabriel López-Cepero y Muru, su hermano; Vicente García Manzano fue herido, pero consiguió sobrevivir y dar testimonio de lo ocurrido. Al día siguiente recogieron los cadáveres y les dieron sepultura en el antiguo cementerio parroquial, que estaba junto a la cárcel. Con la entrada de las tropas nacionales el 12 de agosto se comenzó a construir en el mismo lugar un mausoleo que fue inaugurado el 5 de agosto de 1938.

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