Lunes de la 6ª semana (A)

Lectura del santo evangelio según San Marcos (8, 11-13)

Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Comentario

¿Por qué esta generación reclama un signo?

¿Será porque no quiere ver los signos que tiene delante? ¿Será porque la multiplicación de los panes y los peces que el evangelista Marcos sitúa inmediatamente antes de esta diatriba con los fariseos no les ha parecido suficiente signo? ¿Será porque no le basta con los signos que han oído referir a los mayores, los que acontecieron en otro tiempo y en otro lugar? ¿Será porque en realidad quieren que el signo les abra la entendederas de la fe? Pudiera pensarse que todas esas preguntas formuladas más arriba van dirigidas a los fariseos del tiempo de Jesús, cerrados a entender lo que ven con los ojos de la cara. Pero en realidad, esas preguntas van dirigidas a nosotros mismos, que de continuo exigimos signos y milagros patentes para convencernos de nuestra fe, para que se nos abran los ojos del corazón. Que nos sucediera algo tan incontrovertible que no hubiera refutación posible. ¿No será que no vemos la existencia con los ojos de la fe y por eso no descubrimos los signos que se nos van dando? Prueba a invertir la carga de la prueba: es la fe la que te hace ver signos allí donde los demás ven sólo casualidades, azares, fortunas o infortunios.

 

Post relacionados