Fernando de Contreras, siervo de Dios

 

Fernando de Contreras nació en Sevilla en 1470. A los 16 años, decidió ser sacerdote, que no le fue fácil, dada la situación económica familiar, pero con el beneficio de la Villa de Olvera en 1488, ascendió a los Órdenes Sagrados y al Sacerdocio diciendo su primera misa en el Altar de Nuestra Señora de la Antigua de la catedral. Ejerció los primeros años en Sevilla donde se distinguió por su abnegación durante la hambruna de Sevilla en 1505.

En 1511 el cardenal Cisneros le nombró Capellán Mayor del Colegio de San Ildefonso de Alcalá de Henares, donde estudio teología. Se distinguió por la redención de los cautivos en Argel y en especial de los niños, gracias a su intercesión llovió después de 4 años de sequía.

En Sevilla conoció a San Juan de Ávila, y consiguió que el Arzobispo hispalense, don Alonso Manrique, le hiciera desistir de su idea de ir a América para quedarse en Andalucía.

No solamente volvió a Argel en 1533, sino que recorrió Túnez , Fez y Tetuán, quedándose en varias ocasiones como rehén de cautivos, e incluso dejando en prenda su báculo. Fue tenido por santo, debido a que sanó enfermos, tanto moros como cristianos y tenía el don de la levitación.

El emperador Carlos V le nombró para el obispado de Guadix, que él rechazó, siguiendo con su vida humilde y en la redención de cautivos hasta su fallecimiento.

Murió con fama de santidad en 1548. Su cuerpo fue trasladado, entre el fervor popular, a la Catedral de Sevilla, donde fue enterrado entre el coro y el Altar Mayor.

De este humilde sacerdote se propuso la beatificación un siglo más tarde en 1643, siendo aprobados sus escritos en 1773, y sus virtudes en 1789.

Oración para obtener la glorificación del Venerable Siervo de Dios Fernando de Contreras, sacerdote diocesano.

Señor, te damos gracias, porque has querido darnos en el sacerdote Fernando de Contreras un modelo de pastor bueno y fiel, entregado al servicio de la Iglesia, predicando tu Palabra y liberando de la cárcel a los más pequeños; glorifica en tu Iglesia a este Venerable Siervo que gastó su vida por tu gloria y la salvación de las almas.

Haz que el ejemplo de su vida virtuosa suscite en muchas almas deseos de santidad, haciendo presente en nuestros días las bienaventuranzas, especialmente entre la infancia y la juventud.

Dígnate concedernos, por tu intercesión, la gracia que te pedimos.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Pídase la gracia que se desea alcanzar: Padrenuestro, Avemaría y Gloria)

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