SAN ISIDRO LABRADOR, m. obligatoria

Lectura del santo Evangelio según san Juan ( 17, 11b-19)

Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Que sean uno, como nosotros.

En la segunda parte de la oración sacerdotal, Jesús intercede al Padre por los suyos y advierte claramente de los peligros del mundo en el que viven. El principal riesgo, la mentira, cuyo príncipe insidiosamente insiste para tentar a los seguidores de Cristo. Por eso Jesús ora al Padre para que los santifique y les ayude a vencer las tentaciones del maligno, tan contumaz. Y los consagra a la Palabra, de modo parecido a como Pablo lo hace con los efesios en la primera lectura del día, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. La Palabra es Verdad y se revela como el mejor antídoto contra las insidias del mal, que busca siempre falsear la verdad y mover por la mentira. Por eso, la petición de que todos sean uno sólo puede cumplirse en la Palabra, en su escucha sincera y atenta, en su puesta por obra real y valiente.

 

Post relacionados