Concédenos Señor ser compañeros del cielo de tus Arcángeles

Hoy 29 de septiembre es otro día señalado en nuestra ciudad por la fiesta de los Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael, mensajeros de Dios, a los que tenemos que pedir protección para que guarden nuestros caminos y nos conduzcan sin tropezar por sus sendas, además de pedirles luz para tomar una decisión, para solucionar un problema, actuar acertadamente y para descubrir la verdad.

Los Arcángeles son, según  la Sagrada Escritura, los príncipes de la corte celestial:

  • Miguel  del hebreo “Mija-El” que significa “¿Quién como Dios?” y que, según la tradición, fue el grito de guerra en defensa de los derechos de Dios cuando Lucifer se opuso a los planes salvíficos y de amor del Creador) aparece en defensa de los intereses divinos ante la rebelión de los ángeles malos.
  • Gabriel el ángel mensajero, en hebreo “Dios es fuerte”, enviado por el Señor a diferentes misiones, anunció a la Virgen María el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su maternidad divina.
  • Rafael: “Dios sana o medicina de Dios” acompañó al joven Tobías cuando cumplía un difícil encargo y se ocupó de solucionar difíciles asuntos de su esposa.

En nuestra Archidiócesis se rinde especial devoción a San Miguel en Sevilla capital, en la parroquia de Santa Cruz, en la Divina Pastora. Y en localidades como Castilleja del Campo, celebrando el día de su patrón con romería y devocionando su imagen (talla barroca del 1758).

También en Villanueva del Ariscal, Marchena (donde preside el altar mayor de la Iglesia de San Miguel, una gran escultura de Pedro Roldán de 1657) e Isla Mayor. Y en la sierra sur, en Morón de la Frontera y Lora de Estepa, en donde el Arcángel preside el retablo mayor, obra del s.XVIII que sale en procesión hoy.

 

Oración a San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.

Ayúdanos a luchar contra el mal.

Que Dios oiga tu voz y tú, como jefe del ejército del Cielo,

combate y vence a Satanás

y a todos los espíritus malos que andan por el mundo

deseando la ruina de las almas.

Amén.

María Carmona. 

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