Miércoles de la 23ª Semana (C)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

 

Comentario

Bienaventurados los pobres
El Papa Francisco acaba de visitar dos de los países más pobres del mundo, medido en términos de renta per capita: Mozambique y Madagascar. Hasta allá ha ido para, entre otras cosas, actualizar la Palabra que hoy nos propone la Iglesia como Evangelio del día. La versión lucana del sermón de las bienaventuranzas contrapone la felicidad que describe para los pobres, los hambrientos, los que lloran y los calumniados por causa de Cristo con las invectivas que lanza contra los ricos, los saciados, los risueños y aquellos de los que todo el mundo se deshace en elogios. El tenor literal de la Escritura escuece tanto, que durante siglos hemos buscado aplicarle paños calientes, rebajar el vino de alta graduación que embriaga sólo de leer lo que está escrito. Es preciso hacerse pobre para encontrar la dicha de hacerse con el reino de Dios. Es preciso llorar -con los que lloran- para luego entrar a la alegría de contemplar cara a cara el rostro de Dios. Jesús no exalta la pobreza, sino que señala la opción preferente de Dios, como una madre que prodiga cariños extraordinarios a sus hijos más necesitados: los pobres, los pequeños, los sufridos, las víctimas… Por eso va el Papa hasta esos países del océano Índico, a anunciar la Buena Nueva de que la felicidad, la bienaventuranza, no tiene nada que ver con lo que se posee, sino con lo que el buen Padre nos tiene prometido: «Dichosos vosotros, dichosa la Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios», dejó dicho en su mensaje a través de una red social.

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