Miércoles de la 24ª Semana (C)

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,31-35):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.” Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»


Comentario

No habéis llorado
El Papa Francisco, más de una vez, ha instado a los católicos a pedir el don de las lágrimas, porque  purifican los afectos. “El llanto es humano y cristiano. Pidamos el don de las lágrimas, porque el llanto ablanda el corazón y es fuente de inspiración. No debe dar vergüenza, pues Jesús lloraba en los momentos más intensos de su vida, como cuando llora sobre Jerusalén. No tengáis miedo al llanto”, nos tiene dicho. No hace, en eso y en todo, sino seguir a Jesús, que nos propone en el Evangelio del día llorar con los que lloran y reír con los que ríen. De una forma sana, sencilla, sin dobleces. Para que no seamos como esos niños que reprochan a los otros que no han llorado cuando tocaba, cuando la melodía de lamentación imponía el tono luctuoso al que acompañan las lágrimas. Hacerse hombre, encarnarse, qué otra cosa es sino llorar con los que lloran y reír con los que ríen. Hacerse hombre de verdad, tal es la aspiración del cristiano, qué otra cosa puede ser que acompañar en su dolor a los que sufren. Y hay tanto sufrimiento a nuestro alrededor… ¿Tan egoístas seremos que no les vamos a dar ni siquiera nuestro llanto?

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