Sábado de la 13ª Semana (C)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-17):

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.»

Comentario

«Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado…»

Como vamos tan atropellados por la vida, no nos ha de extrañar que muchos echen el remiendo en el manto pasado sin remojar. Aunque hoy día lo difícil es ver un remiendo, si el paño está pasado directamente va a la basura. Nos movemos entre el «usar y tirar» y «usar y reciclar», y conservar sólo las obras de arte, ya no se remiendan los pantalones ni los calcetines, ni se mandan las prendas a las monjas para un zurcido.

En la vida espiritual nos puede pasar que queramos meter el «vino nuevo del Espíritu» en nuestras formas y esquemas encorsetados y caducos. Queremos acomodar el Evangelio a nuestra vida (a nuestras formas y estilos), en lugar de acomodar nuestra vida al Evangelio, para tener las formas y el estilo de Jesucristo. Como el Evangelio no encaja en nuestro estilo es fácil romper y desistir, antes que renovarse en un esfuerzo constante para vivir conforme al Evangelio.

De ahí, la llamada insistente del Papa Francisco y nuestros Obispos a una permanente conversión personal y comunitaria, para que el «vino nuevo» entre en «odres nuevos» y no se derroche el vino ni se pierdan los odres.

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