Sábado de la 6ª semana de Pascua (A)

Lectura del santo evangelio según San Juan (16, 23b-28)

«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Comentario

“Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa”

     Que nadie caiga en la tentación de responder a estas palabras, del Señor, presentándole una lista como la que se lleva al supermercado. Estamos faltos de muchas cosas y podríamos hacer un largo listado de peticiones. Evidentemente, ante la situación que vivimos desde el inicio de la pandemia por este coronavirus, al aumentar las peticiones y las urgencias, la lista se agranda.
     Empezamos este problema sanitario (con grave repercusión económica) mundial inmersos en la Cuaresma, llegamos a la Pascua y atrás debió quedar el hombre viejo con sus tendencias caducas a los material. Por tanto, cuando, ahora, escuchamos del Señor “pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa”, estamos en una dinámica y una vida nueva, sabemos que la alegría es completa no por las cosas materiales que consigamos sino por experimentar el inmenso amor que Dios nos tiene.
     Pidamos al Padre por medio de su Hijo, Jesucristo, que nos conceda la fuerza, la paz y el amor del Espíritu Santo, de la única manera que se puede hacer, desde el sentirnos profundamente amados por Dios. El mismo Jesucristo nos lo deja bien claro al decirnos “pues el Padre mismo os quiere” y esto no son palabras bonitas para animarnos sin más, Jesucristo nos lo demuestra al entregar su vida en la Cruz por nosotros. Por amor salió del Padre y vino al mundo, por amor dio su vida por nosotros, por amor otra vez deja el mundo y va al Padre.
     No desconfiemos nunca de Dios y pidamos constantemente que derrame la gracia del Espíritu Santo en nuestros corazones.

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