Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado

Cuaresma. Primer Domingo. Ciclo A.

Como nos decía el Papa Francisco en su introducción a las lecturas de este primer domingo de Cuaresma, en marzo de 2017: a Jesús, en las tentaciones que le propone Satanás para alejarlo del cumplimiento de su misión, le presiona sobre su título de “Hijo de Dios” presentándole tres tentaciones que, para una inmensa mayoría de personas, son sus objetivos de vida :

  • “Conversión de las piedras en panes”. Basándose en la necesidad, le propone satisfacerla ya que Él puede hacerlo por ser quien es. Se puede traducir en el cumplimiento de todos nuestros deseos, en la forma y en el fin. Aunque en apariencia, algunas acciones o actitudes pudieran tener visos de bondad, son posibilidades que, como las tentaciones de Jesús, determinan sugerencias que, en definitiva, van en contra de la persona derivando a todo cuanto nos rodea. Tener hambre (necesidad primaria) y desear el poder (necesidad que puede esperar) pueden convertirse en objetivos perversos si se utilizan en beneficio propio. “Convertir las piedras en panes” es utilizar el poder para fines personales; buscar cargos, dinero, gloria, poder… si me adoras” es perder la dignidad y la grandeza humana.
  • La soberbia de creerse superior, entendiendo que todo lo que hacemos, lo hacemos bien: “Vendrán los ángeles para que tu pie no tropiece”.
  • La consecución de todo cuanto el mundo nos pueda dar, riquezas y poder, a costa de entregar nuestra dignidad de hijos de Dios: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. En la tercera tentación: “La Iglesia no va a ser menos que Jesús. Nosotros también somos tentados de ambición política, integrarnos en el poder o convertirnos nosotros mismos en poder. En esta tentación Jesús se despojó de toda ambición de poder para ser servidor de TODOS, humillándose hasta la muerte en un madero.

Varias enseñanzas podrían desprenderse del texto de Mt 4, 1-11.

Huir del deseo de utilizar el poder en beneficio propio.

Confiar en Dios como recurso primario.

Buscar la palabra de Dios como alimento primordial.

El Papa Francisco en su homilía del 17 de noviembre de la Jornada Mundial de los Pobres, decía: “…cuantas veces, aún al hacer el bien, reina la hipocresía del yo: hago lo correcto, pero para ser considerado bueno; doy, pero para recibir a cambio; ayudo, pero para atraer la amistad de esa persona importante. De este modo habla la lengua del yo”.

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

La solidaridad no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel afán de ganancia y aquella sed de poder.

Tales «actitudes y estructuras de pecado» solamente se vencen —con la ayuda de la gracia divina— mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a «perderse», en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a «servirlo» en lugar de oprimirlo para el propio provecho”. (Sollicitudo Rei Socialis 38)

“Después de tres días sin comer, nos abandonaron en Malí”

Mody Cissoko, un joven maliense de 23 años, huyó en noviembre de la violencia y pobreza de su país y alcanzó la costa de Senegal. Se metió en un bote y llegó a las islas Canarias en una peligrosa travesía que cada vez emprenden más migrantes. Cissoko pasó 54 días encerrado en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) en Las Palmas de Gran Canaria hasta que la madrugada del 20 de enero, insomne, fue el primero en oír los golpes en la puerta.

“Os vais a Mauritania, vuestro avión sale a las 11”. Nadie entendía nada. Nadie volvió a pegar ojo. Destino: Naudibú (Mauritania). “Al llegar nos metieron en un centro y estuvimos tres días sin comer ni beber”, denuncia el joven por teléfono. El día que por fin liberaron a Cissoko fue para esposarlo, meterlo en un coche y abandonarlo en Gogui, un puesto fronterizo de Malí, el país en guerra del que huyó.

El fruto de la Esperanza y la Caridad

Las hermandades de la Esperanza de Triana y El Baratillo promoverán la creación de un comedor social para los más desfavorecidos en las parroquias de la Blanca Paloma (Los Pajaritos) y de Nuestra Señora de la Candelaria de Sevilla.

Bajo el título «El fruto de la Esperanza y la Caridad», este proyecto de caridad nace del reciente hermanamiento que ambas corporaciones certificaron en diciembre de 2018. Así, ambas entidades colaborarán íntegramente con la cobertura económica del comedor y aportarán el voluntariado necesario.

“La alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales”. (Evangelii Gaudium)

DELEGACIÓN DIOCESANA DE PASTORAL SOCIAL, JUSTICIA Y PAZ

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