‘Vivir el Mandamiento Nuevo: don y tarea’- Formación permanente Pueblo de Dios en salida 14

Décimocuarta sesión de la iniciativa de formación de la Delegación diocesana de Apostolado Seglar, que se hace eco del lema del pasado Congreso Nacional de Laicos que fue vivido por todos los que participaron como un renovado pentecostés. Con una periodicidad quincenal, se puede visionar en el canal de youtube de Archisevilla Siempre Adelante

 IDEA CENTRAL

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos”. (Jn 13, 34-35).

“Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn 4.16)

“Si no tengo amor no soy nada. El amor no pasa nunca” (1 Cor 13).

 

NUESTRA FE

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino, como nos recuerda Benedicto XVI, por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. El amor a Dios y el amor al próximo son inseparables. Por eso, cuando se pierde de vista el dinamismo y unidad de la vida y mensaje de Jesucristo, se corre el riesgo de separar la fe y el amor. En los discípulos, el amor ha de ser la expresión del amor mismo de Jesús. Creer en Jesús y amar con su mismo amor es lo que distingue a sus discípulos.

El papa Francisco señala las características del amor verdadero comentando el himno de la caridad que san Pablo nos dejó. Estas nos iluminan para contextualizar el amor y volver así a darle una forma cristiana y por ello profundamente humana (AL, nn. 90-119).

Permanece en el amor del Padre, como lo hiciera su Hijo, el que se hace de modo efectivo hermano de todos los hombres. Así se concreta el amor que brota de la comunión con el Padre. Si el mandamiento nuevo del amor está en amar con el mismo amor de Cristo, sus discípulos están llamados a romper con todos aquellos esquemas culturales y religiosos, que los limiten, encorseten y excluyan a otros. Ser discípulos de Jesús es hacerse un verdadero don para todos los hombre y mujeres que encuentran en el camino de la vida.

El amor no puede reducirse a un sentimiento vago, exige ser practicado con los más cercanos; y ha de ser mutuo: es la condición para que sea el signo distintivo de los discípulos de Jesús para todos cuantos se acercan a la comunidad eclesial. La fraternidad, que es la Iglesia, acontece en el amor recíproco. La eucaristía, por el hecho de ser el sacramento de la fraternidad, se halla en el centro de la espiritualidad cristiana. Por eso, los hijos de Dios no pueden excluir a nadie de su amor. Este tiene que ser universal y gratuito, y especialmente preferencial respecto a los pobres. La opción por los pobres es una cuestión de fe, de amor y esperanza, todo seguidor de Jesús, lo tiene que vivir en lo concreto de su existencia.

DIALOGAMOS JUNTOS

Mirada creyente

El amor a fondo perdido, en gratuidad, no es precisamente lo que hoy más se lleva. Y sin embargo es lo que tiene fuerza recuperadora, lo que nos permite ver el futuro con esperanza. En medio de guerras y de tensiones Dios hace brotar actos de generosidad y de perdón que nos conmueven, así ha avanzado lentamente la historia.

En un momento de nuestra historia se pretendió conseguir una triple meta, sin duda de inspiración cristiana: libertad, igualdad, fraternidad; pero se buscaba al margen de Dios. Se lucho por la libertad, se trabaja por la igualdad, pero se ha renunciado a la fraternidad, ya ni se menciona. Y es que si no nos reconocemos hijos de un mismo Padre común no hay base ni razón para sentirnos hermanos.

Los cristianos sí nos sabemos hijos de Dios Padre. En coherencia habremos de reconocernos hermanos y actuar como tales. La propuesta de Jesús es lógica “amaos como yo os he amado”, y está cargada de futuro, de vida. Pero solo con el Espíritu Santo que nos hace hijos podemos realizarla.

En este punto, deberíamos destacar algún hecho vivido o conocido en el que un acto de generosidad ha provocado la recuperación de una persona que perdió la esperanza.  Por otro lado, ¿qué actitudes más frecuentes vemos en el entorno que nos movemos, se favorecen o dificultan las relaciones interpersonales? ¿De qué manera?

Reflexión desde la vida cristiana

El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables. El mandamiento nuevo incluye todos los otros: “amaos”, con una característica: “como yo os he amado”. Este amor es la respuesta, en continuidad con la fe, de quien ha vivido la experiencia de ser entrañablemente amado.

Jesús nos dice que igual que el Padre le amó así Él nos ha amado a nosotros, y ahora nos invita a amarnos como Él nos ha amado (Jn 13, 34-35). ¿Hasta qué punto la experiencia de haber sido amado te mueve a amar y a entregarte a los demás?

El amor mutuo es más significativo que el amor individual. Es el amor correspondido que crea la experiencia de comunión. Así es como el Señor nos quiere (Dios es comunión) y como somos reconocidos discípulos suyos. Signo de ser y de sentirnos familia; y prueba de que la convivencia fraterna de la humanidad es posible si nos abrimos a Dios Padre.

La experiencia de amor mutuo es germen de comunidad ( 1 Cor 13) ¿ Por qué la vivencia de una comunidad fraterna es signo de ser discípulos de Jesús? ¿Podemos amarnos sin la acción del Espíritu? ¿Podemos ser testigos de Jesús sin amarnos?

Un compromiso abierto a los demás

El amor tiende a expandirse, sin excluir a nadie, ni siquiera al malhechor o al enemigo. Busca recuperarlo, y lo hace desinteresadamente, en gratuidad. Es el bien de las personas lo que Dios quiere, y nosotros con él.

Ese amor lleva a Dios a acercase, como buen Padre, a todos sus hijos, en especial a los más débiles, a quienes más lo necesitan. Así aparece Jesús en cercanía a los más pobres, su estilo de vida, su palabra, sus signos de sanación siempre a favor de quienes lo necesitan y lo buscan; con ellos se identifica. La opción preferencial por los pobres está en la entraña del Evangelio: a ellos se les anuncia la Buena Noticia. Por ello el amor urge a los discípulos de Jesús a hacerse presentes en la vida social, económica y política y actuar de modo que esas realidades sean acordes con la dignidad de las personas y así la justicia y la misericordia rijan las relaciones entre ellas.

El mandamiento nuevo no es una carga, al contrario, nos hace libres. Por eso tenemos que concretarlo en nuestra vida ¿Compartes libre y gozosamente con alguien que lo necesita, tu tiempo, tus bienes…?  Hemos de ser conscientes que cuando lo hacemos, no solo hemos dado, sino que también hemos recibido mucho, respondiendo con fidelidad al amor recibido.

VÍDEO DE LA SESIÓN DEL FORO PERMANENTE ONLINE

(*) Estos textos están inspirados en el Itinerario de Formación Cristiana de Adultos – Ser cristianos en el corazón del mundo-, de la Conferencia Episcopal Española, publicados por la Editorial EDICE.

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