Caminemos a la luz del Señor

Desde nuestra niñez hemos visto los preparativos que se hacían en nuestras casas cuando se iba a recibir alguna visita extraordinaria. Generalmente, se comentaba a personas de nuestro entorno para que nos acompañaran. Para comer, se sacaba una vajilla especial que normalmente estaba guardada. Se ponían toallas nuevas en el cuarto de baño. Se cambiaban sábanas y se vestían las camas.

En definitiva, se limpiaba la casa a fondo para que todo estuviese organizado y limpio. Había que recibir a la persona con unos preparativos especiales, con el fin de demostrar a personas de nuestro entorno el agrado y respeto que nos producía el poder recibirla y que, además, pudiera sentirse como en su casa.

Es este primer domingo de Adviento el que nos induce a comparar nuestra preparación interior con lo que a lo largo de nuestra vida hemos visto hacer a nuestros padres y, posiblemente, hayamos seguido haciendo. Tener la casa de nuestra alma en plena disposición para recibir a Jesús en sus sucesivas venidas. “Por tanto estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor” (Mateo 24).

Dios nos llama a actuar en el mundo según nuestra vocación, utilizando los dones que a cada uno dio para ponerlos en
práctica en el trabajo constante y diario en favor de las personas que nuestra sociedad margina. Por ello, en esta primera visita que es el Adviento, como nos dice el Papa Francisco: “Estamos llamados a ensanchar los horizontes de nuestro corazón”, y principalmente en el amor a favor de toda persona que por su situación de pobreza, en todos los sentidos, necesita de nuestra ayuda. “…dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz” (Romanos 13). También Jesús en este primer domingo de Adviento nos recuerda su visita final, aunque no deja de estar todos los días con cada uno de nosotros. El Papa Francisco ha hecho de la ayuda concreta a los pobres uno de sus ejes de su pontificado. Mejorar los sistemas de protección social, combatir las desigualdades, tomarse en serio el cambio climático o potencial la solidaridad, el crecimiento económico y el empleo sostenible, son medidas orientadas a reducir la pobreza.

Las tasas de pobreza de 2018 (porcentajes de personas cuyos ingresos están por debajo de un determinado umbral) son elevadas (España 21,5%, Andalucía 32% y la Unión Europea 17%) y mayores que las de 2008. 2,68 millones de andaluces son pobres de los cuales 800.000 sufren pobreza severa. Junto a esta pobreza monetaria, los andaluces – y las poblaciones de los otros territorios citados – padecen también Pobreza Material Severa (PMS) y Baja Intensidad Laboral (BIL).

La PMS se refiere a la dificultad para adquirir productos básicos de consumo, disponer de ocio, vivienda adecuada… y la
BIL -indicador muy elevado en Andalucía – a la baja población activa y ocupada y a las preocupantes tasas de paro. Las recomendaciones de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ADS) han contribuido a que la pobreza extrema se haya reducido en las últimas décadas en los Países Menos Desarrollados (PMD), específicamente en Asia Meridional y Oriental, si bien los progresos han sido muy escasos en África Subsahariana.

No obstante, en su discurso a la ONU en septiembre de 2015, el Papa Francisco exhortaba con claridad que “los
organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de estos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia”. “Hoy la pobreza no es un hecho inevitable, considerada desde el punto de vista social. Por primera vez en la historia de la humanidad, disponemos de tecnología y de recursos suficientes para que nadie sea excluido de los medios de vida básicos, considerados como mínimos dentro de la propia sociedad. El problema en la actualidad no es de medios, sino de objetivos: querer o no querer.

Los principales obstáculos para erradicar la pobreza ya no son técnicos, sino políticos y éticos. Por lo mismo, la pobreza que se tolera en medio de la abundancia es una grave injusticia social. De la misma manera, luchar por la justicia supone para la Iglesia en general y para cada uno de los cristianos en particular una exigencia fundamental y una opción preferencial en favor de los pobres y de los oprimidos”. (Comisión Episcopal de Pastoral Social. La Caridad en la vida de la Iglesia, 45) “Etty Hillesum tuvo la capacidad de ver un sentido mayor y más profundo a la historia en el contexto aterrador en el que vivió sus últimos años si esta se mira desde los ojos del espíritu. Judía que en su última etapa se acerca al Cristianismo, llega a escribir en Auschwitz: “Cuando tienes vida interior, es indiferente de qué lado de las verjas del campo estás… Ya he sufrido mil muertes en mil campos de concentración. Ninguna información nueva me angustia ya. De una u otra forma, lo sé todo. Y sin embargo, la vida me parece hermosa y llena de sentido en todos y cada uno de los instantes”.

“Aceptar la llamada de Cristo a la apertura hacia los otros exige una reelaboración de todo el estilo de nuestra vida cotidiana. Es necesario aceptar esta llamada en las dimensiones reales de la vida”. (San Juan Pablo II).

Toma mis manos, hazlas acogedoras.
Camina, Señor, conmigo,
Toma mi corazón, hazlo ardiente.
Acércate a mis pisadas. Toma mis pies, hazlos incansables.
Hazme nuevo en la donación
Toma mis ojos, hazlos transparentes. concédeme alegría en la entrega
Toma mis cansancios, hazlos tuyos. gozo desbordante al dar la vida,
Toma mis veredas, hazlas tu camino. 

Camina, Señor, conmigo, Toma mi corazón, hazlo ardiente. acércate a mis pisadas. Toma mis pies, hazlos incansables. Hazme nuevo en la donación, Toma mis ojos, hazlos transparentes. concédeme alegría en la entrega
Toma mis cansancios, hazlos tuyos. gozo desbordante al dar la vida. 

 

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