El Rocío, senderos de amor a María

En vísperas de Pentecostés en Sevilla se despierta el sentir rociero. Son un total de 121 las hermandades que en estos días peregrinan hasta la aldea del Rocío, siendo gran parte de ellas de Sevilla y su Archidiócesis. La capital cuenta con cinco hermandades del Rocío, que cada año, movidas por la devoción a la Virgen, caminan por senderos de amor a María. Hay un punto en el que coinciden todos los peregrinos: “quien va al Rocío por primera vez, siempre repite”.

Jesús García Chamizo es un rociero que peregrina cada año con su Hermandad de Sevilla Sur. Él cuenta que para él es la semana del año que dedica plenamente a acercarse aún más a la Virgen y abrirle su corazón. Describe el Rocío como “una devoción inmensa a la Virgen María. Es sacrificio en la peregrinación. Es convivencia, amistad, entrega, compañerismo, emoción, cantos a la Virgen, alegría”.

Como tantos peregrinos, vuelve año tras año con su Hermandad en estas fechas impulsado “por ese acercamiento y ese recogimiento que busco para estar con Ella. Vuelvo porque necesito hablar con Ella, le cuento mis cosas y le pido que haga de mediadora con nuestro Señor. No quiero perderme ningún año el gran rato que paso el domingo por la tarde con Ella en su ermita, es lo que más me emociona de mi romería”.

Cree que esta romería es una bonita forma de acercarse a Dios por María y destaca como fruto de ella  “la semilla que cada año se implanta en nuevos peregrinos, que aunque solo sea una semana los acerca a su fe que creían no tener”. A todo el que no conozca el Rocío lo anima a conocerlo “haciendo el camino andando. Ir con una hermandad pequeña donde todos se conocen y se convive más intensamente. Todos formamos una pequeña-gran familia donde compartimos sentimientos, comida, cantos, calor, frío, oraciones, rezos, misas, alegrías y tristezas”.

Con respecto a nuestra Archidiócesis, podemos decir que contamos con la más antigua Hermandad Filial del Rocio, la de Villamanrique de la Condesa. Siglos lleva esta hermandad haciendo camino y es imposible desligar Villamanrique y Rocío.

Villamanrique es una explosión de amor a una Madre, es fuente inagotable de devoción que va pasando de generación en generación. Pueblo que nunca vuelve del Rocío porque no hay camino de vuelta para quien vive en una constante contemplación a María. Solo pronunciar su nombre ya emociona en este pueblo. La Patrona de Almonte es para Villamanrique, como bien nos explica Roque Espinar, el presidente de la Hermandad, “su Madre, el fervor del pueblo; estamos totalmente entregados y encomendados a su gracia, a su protección divina y la de su Hijo. Es la Reina de Villamanrique. Aquí todo, y durante todo el año, gira en torno a Nuestra Señora del Rocío. Son muchos siglos de devoción de este pueblo hacia Ella”.

Famoso es el saludo que en estos días muchas hermandades, gran parte de Sevilla -en total unas sesenta más unas doce asociaciones rocieras-, realizan a la Hermandad de Villamanrique. Esta tradición tiene más de doscientos años. Cuando se llega a Villamanrique se está en la antesala a la marisma, justo antes de iniciar la Raya Real y es este saludo antes de adentrarse en las marismas algo muy emotivo para toda la familia rociera.

Este paso de las hermandades por Villamanrique hace que estos días de vísperas sean para el pueblo, según explica Espinar, “días que se viven acogiendo a todo el que pasa, ayudando. La calle es un hervidero de personas de aquí y de otros lugares, anunciando con cohetes y repique de campanas la llegada, el paso de alguna hermandad. Les da la bienvenida el tamborilero que los acompaña hasta los escalones de los porches. En la puerta de nuestra parroquia de Santa María Magdalena se reza la salve, se le dan los vivas y se canta a la Virgen del Rocío. Durante unos minutos las juntas de gobierno se funden en un abrazo de buenas esperanzas. Cuando se van se llevan un trocito de nosotros, con nuestros mejores deseos que su caminar sea auténtico
y recompensado por Ella”.

El presidente desea para esta próxima romería “todo el mundo viva un Rocío pleno, en la Virgen y su Hijo, y volvamos llenos de fuerza y fe cristiana que nos alboroce todo el año, siendo buenas personas”.

Como podemos comprobar por estos testimonios, el Rocío no es más que un camino de amor a María, un encuentro propiciado por la fe. Unos días donde hacemos a la Madre de Dios más Madre nuestra y unos días también de alegría. Cuando el cristiano actúa movido por la fe, cuando en su corazón hay convicción, hay alegría y hay esperanza para recorrer cualquier camino.

 

Marí Carmen Fernández Falcón 

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