Indiana Jones y la última cruzada

La despedida de un gran actor

El pasado 31 de octubre falleció el actor escocés Sean Connery, uno de los últimos integrantes de la constelación de las ‘grandes estrellas de Hollywood, capaces de llevar al público a las salas de cine con solo ver su nombre en el cartel de la película. Ganador del Oscar en 1988 por encarnar al policía irlandés Jim Malone en “Los intocables de Eliot Ness (Brian De Palma, 1987), deja tras de sí una carrera llena de grandes trabajos con los mejores directores del momento, en los que ha regalado al espectador personajes inmortales, como fueron el agente secreto James Bond, el franciscano detective Guillermo de Baskerville o un veterano Robin Hood. 

 

A finales de la década de 1980, el cineasta George Lucas le ofreció a Connery uno de los papeles recordados con más cariño por el público, y que le acercó a un segmento de espectador más joven, ese al que sus padres no le permitían aún ver cintas más complejas e impactantes como “El nombre de la rosa(1986) o la citada “Los intocables de Eliot Ness. El personaje era Henry Jones, es decir, el padre del arqueólogo más famoso del cine, Indiana Jones, interpretado por otra leyenda como es Harrison Ford. El título del filme, “Indiana jones y la última cruzada(1989), tercero de la saga dirigida por el maestro Steven Spielberg. 

 

Nos encontramos ante una obra maestra del cine de aventuras, llena de espectáculo, acción, humor y entretenimiento. Justo eso que puede considerarse como cine en estado puro. En esta película se nos presenta a un Indiana Jones más humano que en anteriores entregas, con el que cualquiera puede identificarse y que muestra sus miedos e inseguridades, no solo frente a sus enemigos sino también ante problemas familiares aún por resolver relacionados con su padre. 

 

Sean Connery interpreta a un padre poco comunicativo, autoritario, que se distancia a lo largo de los años de un hijo que intenta estar siempre a la altura de las expectativas paternas. Padre e hijo deberán impedir que los nazis encuentren el Santo Grial (la copa usada por Jesús en la Última Cena), porque, según la leyenda, el que lo encuentre y beba de él conseguirá la vida eterna. 

 

La desbordante química entre Ford y Connery genera inolvidables escenas en las Spielberg alcanza altas cotas emocionales. La cinta contiene grandes momentos de acción, pero también situaciones muy íntimas y sinceras entre padre e hijo, en las que la fe y la esperanza son también elementos muy importantes. 

 

Galardonada con un Oscar, ver esta película se convierte en una forma de homenaje para despedir a un mito del cine como Sean Connery. 

 

Juan Carlos Deán Del Junco 

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