RESUCITÓ

Todos los años el papa, en el domingo de Resurrección, pronuncia un mensaje que va dirigido a todo el mundo (urbi et orbi) y que es divulgado por distintos medios y lógicamente transmitido por televisión. Son mensajes que es conveniente leer porque ponen el foco en los acontecimientos mundiales que preocupan a la Iglesia en ese momento. Igual ocurre con el mensaje de Navidad y con el discurso al principio de cada año pronuncia ante el cuerpo diplomático. Insisto en que es interesante leerlos porque como miembros de una Iglesia universal debemos abrirnos a otras realidades que aunque ocurran en lugares lejanos a nosotros no nos deben resultar indiferentes.
En resumen, podemos decir que ha sido una llamada a que vivamos nuestra vida con humildad, “Sólo quien se humilla puede ir hacia los «bienes de allá arriba», a Dios (cf. Col 3,1-4). El orgulloso mira «desde arriba hacia abajo», el humilde, «desde abajo hacia arriba».
Frente a los valores del mundo, nos dice el papa, que promueven la competitividad, la imposición, el hacerse valor, el cristiano debe vivir los brotes de otra humanidad basados en el servicio a los demás, en no ser altivo,  mostrándose respetuoso y disponible.
Frente al orgullo que fomenta la violencia y la guerra el cristiano debe ofrecer el perdón y la paz.
A continuación el papa imploró al Señor Resucitado que alivie el sufrimiento de tantos cristianos perseguidos en todo el mundo a veces con nuestro silencio cómplice, como diría en el Vía Crucis.
No se ha olvidado el papa de pedir por Siria e Irak para que cese el fragor de las armas y se restablezca una buena convivencia entre los diferentes grupos que viven en estos lugares. Le pide a la comunidad internacional que no permanezca indiferente ante la tragedia humanitaria dentro de estos países y ante el drama de tantos refugiados.
Como no podía ser menos, y ya es habitual en todos estos mensajes, el papa ha recordado a los habitantes de Tierra Santa y rogado para que se restablezca la cultura del encuentro y se reanude el proceso de paz
Ha llamado la atención el papa sobre Libia, para que cese tanto derramamiento de sangre absurdo y bárbara violencia. Pide por los que se preocupan por el destino de este país para que se esfuercen en favorecer la reconciliación y edificar una sociedad fraterna que respete la dignidad de la persona. Desea también que en Yemen prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población. Reza también por la paz  Nigeria, Sudán del Sur y diversas regiones de Sudán  y de la República Democrática del Congo.
No se ha olvidado de los jóvenes asesinados en la universidad de Garissa (Kenia) ni de los habitantes de Ucrania para los que pide que encuentren la paz y la esperanza.
Encomienda el papa con esperanza el acuerdo firmado en Lausana entre Irán con Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania para que sea un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraterno.
Por último ha recordado a los distintos “rostros de esclavitud”, que ya mencionó en el Mensaje para la Jornada de la Paz del uno de enero y que comentamos en un post anterior: «paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. E imploremos la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas, que se enriquecen con la sangre de hombres y mujeres.
Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora y curativa del Señor Jesús: «Paz a vosotros» (Lc 24,36). «No temáis, he resucitado y siempre estaré con vosotros».

Creo que es bueno terminar con las palabras del papa al comienzo del mensaje: el amor ha derrotado al odio, la vida ha vencido a la muerte, la luz ha disipado la oscuridad.
FELIZ PASCUA A TODOS