Día Mundial del Reciclaje

Cada 17 de mayo se celebra el Día Internacional del Reciclaje, fecha establecida en 2005 por la UNESCO con el fin de concienciar a personas y entidades públicas y privadas de la importancia de realizar un correcto reciclaje de los residuos. En éste día se nos recuerda que hemos de reducir el impacto ambiental que generamos como sociedad global en nuestra pequeña casa azul, sita en una esquina de la Vía Láctea. Y no es casualidad que este mes los católicos celebremos la Semana Laudato Sí, convocada por el Papa Francisco para dar testimonio del papel que la Iglesia tiene en cuidar nuestro planeta, nuestra casa común, este año bajo el lema “Esperanza para la Tierra. Esperanza para la humanidad”.

El 17M nos recuerda la importancia que tiene ese gesto, cotidiano y doméstico, de separar la basura en casa, con el que iniciamos el proceso de reciclar, que continua al depositar los residuos en su contenedor correspondiente: amarillo para envases de plástico, latas y briks; azul para papel y cartón, verde para el vidrio, marrón para los orgánicos y gris para el resto de residuos. Sin embargo, a veces no percibimos la importancia del reciclaje como estrategia medioambiental global, con sus importantes repercusiones sociales, económicas y ecológicas. Reciclar consiste en valorizar los residuos, que se transforman en nuevos productos, materiales o sustancias, tanto si es con la finalidad original como con cualquier otra finalidad. Con ello conseguimos el doble objetivo de reducir el consumo de materias primas y el volumen de los residuos que generamos. Este ciclo, que parte de la implicación y compromiso de la ciudadanía ecoresponsable, da sentido a la denominada “economía circular”, que buscar poner fin a la nociva cultura del “usar y tirar”.

Aunque en la cultura tradicional el reciclaje existía de forma orgánica y todos los objetos tenían un valor intrínseco de poder ser útiles para distintos fines, fue a partir de la segunda mitad del pasado siglo XX que comenzó a extenderse la idea de “objetos de un solo uso”. Una costumbre que se extendió rápidamente como sinónimo de riqueza y prosperidad económica sin fin. Aunque el lento despertar de la conciencia ecológica global nos recordó lo insostenible de esa idea: no existen recursos naturales suficientes para seguir alimentando nuestro nivel de consumo ni espacio en el planeta para acumular todos los residuos que este modelo genera. Por ejemplo, en nuestro país aparecieron los primeros contenedores para la separación de residuos en nuestras calles a partir de la Ley de Envases de 1997. Pero aún nos queda mucho por hacer: según el último informe de Ministerio para la Transición Ecológica, los residuos municipales recogidos en España en el 2020 fueron de 22 millones de toneladas, casi el 80% son residuos mezclados. A esto contribuye la cifra de basura que generamos por día: 1,32 kg. de media por cada español, siendo incluso una cifra relativamente baja comparada con la de otros países, como EEUU, cuya media es de más de 2 kg. de desechos por persona y día.  De ahí la importancia de días como éste 17M, para recordar a la ciudadanía que nuestro papel es crucial, sobre todo si queremos lograr las metas que nos hemos marcado como sociedad con una clara voluntad de legar a las futuras generaciones un mundo sostenible, no un erial lleno de vertederos: está en nuestra manos el alcanzar el objetivo de reciclar el 65% de los residuos urbanos para el 2035 que se ha marcado la Unión Europea en consonancia con lo marcado por la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Como acertadamente la encíclica Laudato Sí nos recuerda “.Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domésticos y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.(LS21).

En este camino de conversión ecológica al que nos invita el Papa Francisco, se nos hace un llamamiento continuo al cuidado de la casa común, porque somos los católicos, desde nuestra fe, los que mayor empeño deberíamos tener en este cuidado, por nuestra convicción del regalo que Dios no hizo al entregarnos a nuestro cuidado el planeta Tierra, “…y lo puso en medio del Edén para que lo labrase y lo cuidase.” (Gn 2,15), y como nos dice el Papa Francisco “…un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre (LS 220). Desde esta nueva conciencia ecológica el reciclaje debe ser el vértice en la pirámide del reciclaje, cuya base la constituye el reducir nuestro consumo, reflexionando antes de comprar, reutilizar y darle una nueva utilidad a los desechos, reparar lo que no funciona, regalar lo que ya no nos es útil y por último desechar, separando adecuadamente para que las empresas de reciclaje puedan hacer su labor al menor coste posible .

Por ello, deseamos que la celebración mundial de este día movilice nuestros corazones y nos lleve a una verdadera conversión ecología desde la que admiremos la belleza de nuestra casa común que nos fue legada y que compartimos con toda la humanidad y el resto de seres vivos de la Tierra, viviendo así con plenitud la vocación de ser protectores de la obra de Dios.

Grupo Diocesano de Ecología Integral