Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia (C)

Lectura del santo Evangelio según Marcos (4, 26-34)

Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Comentario

La semilla va creciendo sin que él sepa cómo
A menudo la vida eclesial está llena de programaciones, esfuerzo individuales y tareas colectivas de las que suponemos que se derivarán los frutos pastorales apetecidos. Pero Jesús previene a sus discípulos de esta actitud que hace depender los frutos del empeño humano. La tierra da fruto por sí misma, y no hay nada que el sembrador pueda hacer más allá de plantar la semilla y esperar el buen tiempo que haga granar la espiga. Es de Dios la iniciativa, viene de su mano la gracia.

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