“Quizás los necesitados no son ellos, sino nosotros”

La Iglesia vive este mes de octubre dedicado a despertar el Espíritu Misionero.  Durante este mes, llamado “mes de las misiones”, se intensifica la animación misionera, la oración, el sacrificio y el aporte económico a favor de las misiones a fin de que el evangelio se proclame a todos los hombres. Sevilla es la quinta diócesis española en contribuciones económicas al DOMUND y cuenta con 135 misioneros repartidos por 43 países en todo el mundo.  No todos los misioneros son sacerdotes o religiosas; también hay laicos, José Luis es uno de ellos y ha estado 6 meses en misión.

José Luis Mesa es militar retirado y misionero. Está casado y tiene dos hijos. Asegura que siempre ha sentido esa “llama encendida”, pero hasta hace unos meses no se atrevió a vivir una experiencia misionera. Este militar retirado dio el salto junto a las Hermanas Filipenses en el proyecto que llevan a cabo en Machakos (Kenia). Allí ha dado clases de español e informática a las novicias y postulantes; ha acompañado a las religiosas en su misión, acogiendo a mujeres y niños en exclusión social “también visitamos a las familias del barrio para conocer de primera mano las situaciones en las que se encuentran, y así poder ayudarles principalmente con becas de escolarización”.

Con esta experiencia misionera, confiesa José Luis que ha aprendido que “sólo el amor basta y que cuando amas de verdad, con autenticidad, hasta que duela, ya no hay dolor, sólo amor”. “Vivir esta misión –continúa- ha superado todas mis expectativas y este tiempo de gracia me ha hecho ver el rostro de Dios en tantos niños que sufren”. Y es que la enfermedad y la injusticia azotan aquella zona cada día, pero esto no ha achantado a José Luis, sino que le ha ayudado a ver que allí “se vive con radicalidad el Evangelio”.

El ejemplo de nuestros hermanos africanos ha interpelado a este granadino que reconoce que “todo es gracia de Dios”, por eso, “sabiendo que somos depositarios de los talentos que Dios nos ha dado, sólo nos queda ponerlos al servicio de los demás”. 

La misión no defrauda. José Luis lo sabe bien: “Es tan gratificante esta labor que animo a aquellos que tengan esta inquietud en su interior a que no duden en atreverse a dar ese gran paso, sabiendo que Dios premia tanta generosidad cuando se entrega a los demás”. 

Mediante la oración, la humildad y la penitencia José Luis ha exprimido al máximo estos seis meses misioneros sabiendo que a su vuelta no será el mismo, que lo allí vivido le ha hecho darse de cuenta de que quizás “los necesitados no son ellos, sino nosotros, que viviendo en la abundancia y con mejores condiciones, nos quejamos de todo y no sabemos apreciar tantas cosas que tenemos”.  

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