Santa Teresa de Jesús (B)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»


Comentario

Manso y humilde

En la festividad de Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y nuestra mística, la glosa del Evangelio del día forzosamente ha de llevarnos a los escritos (primorosos, cumbre de la literatura castellana) de la santa andariega. De “Camino de perfección”, ese prontuario para sus monjas, entresacamos este pensamiento del capítuo 29 que nos ilustra de sobra el contenido de la perícopa de Mateo, 11 que hoy contemplamos: “Así lo dice David, que está el Señor con los afligidos. O crees esto o no. Si lo crees, ¿de qué os matáis?” Pues eso. Si creemos que en Dios tenemos descanso cuando estamos agobiados y cansados, que Él nos aliviará, ¿a qué viene todo lo demás? La angustia, la zozobra, la pesadumbre, el agobio de esta vida loca que llevamos, ¿qué más da? “¿De qué os matáis?”, que le preguntaba a sus carmelitas descalzas la Santa…

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