San Luis Gonzaga, religioso (B)

Lectura del santo Evangelio según Mateo (7, 1-5)

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

Comentario

Sácate primero la viga del ojo
Los prejuicios nos obnubilan, ensombrecen la mirada con una fuerza tal que no hay manera de quitárnoslos de encima. El prejuicio es la viga en el ojo propio que nos hace desenfocar todo lo que vemos. Y así agigantamos los defectos del prójimo, hacemos una montaña de cualquier cosa que nos molesta de su comportamiento, le abrimos juicio sumarísimo por cualquier falta que no dejamos pasar por alto como jueces implacables… Y todo nace de esa viga enorme que vela la mirada. En otro momento de la Escritura, dirá Jesús que un ojo sano es condición para que todo el cuerpo esté iluminado. El combate entre la luz y las tinieblas, tan presente en el Evangelio joánico, empieza por el ojo de quien fija su mirada no en sus propios defectos, en sus pecados necesitados de misericordia, sino en esa implacable condenación del prójimo. Por eso la exhortación que hoy nos hace Jesús es a mirarnos a nosotros mismos, en un ejercicio de introspección que alumbre la verdad de lo que somos y cómo lo somos, antes de desparramar la mirada sobre los demás. Porque sólo cuando uno se ve a sí mismo con tantos o más pecados que los demás, la mirada sobre los otros adquirirá esa pureza, esa compasión, esa magnanimidad que salva a la persona aunque aborrezca el pecado y quien lo ha incrustado en el corazón del hermano.

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