La santidad es la búsqueda personal de lo mejor de ti

A continuación ofrecemos una serie de meditaciones semanales tituladas “Cuaderno de vida y oración” a cargo del sacerdote diocesano Carlos Carrasco Schlatter, autor del libro “Las conversaciones que tenemos pendientes”  y “30 día con Dios de vacaciones”

1) Llevar la vida a la oración

Para muchas personas hablar de santidad es hablar de algo heroico, casi mitológico. Es hablar de una persona inalcanzable e imposible. Tristemente más que hablar bien de esa persona lo que está es alejándonos a nosotros de la posibilidad de serlo. Esta sociedad promueve una cultura de antihéroes, ya no gustan las películas con finales heroicos o de perdices, gusta más conocer y deconstruir el interior de las personas y mostrar las luchas internas y las cosas que le hacen ser más antihéroe.

En el movimiento del mayo del 68 francés triunfó el lema “prohibido prohibir”, se buscaba valorar la riqueza que había tras cada persona y cada modelo de vida. Por desgracia, se olvidó animar a que cada modelo debería aspirar a ser mejor cada día, de lo contrario si todo es bueno, no surge en la sociedad el deseo de aspirar a ser mejores, de buscar ser testigos de la riqueza que hay tras el crecimiento personal y social. En definitiva, ante la cultura del todo vale, perdemos muchas veces la visión de que aunque todo tenga un valor por sí mismo este debería aspirar a valer más y con ello hacer que toda la sociedad aumente su valor.
Como contraposición, la sociedad ansía constantemente ejemplos que le proporcionen esperanzas e ilusiones, que le permita creer que tiene sentido la vida y que le transmitan confianza.

2) Encuentro con Dios

Encontrar a Dios es muchas veces tan difícil como encontrar personas a las que seguir, ejemplos de vida. Si hacemos un análisis histórico hasta a la madre Teresa de Calcuta tras su muerte le acusaron de algunas cuestiones. Tristemente vende más lo morboso y malo que las bondades de una persona. Así desmitificar pasa a ser muchas veces deporte nacional.
¿Cómo encontrar a Dios en un mundo plagado de “Fake News”? Sencillamente buscando la autenticidad personal, aspirando a ser nosotros mismos héroes para los demás. No haciendo grandes gestas, subiendo montañas imposibles o superando récords guiness. Sencillamente siendo la mejor versión de nosotros mismos. ¿Eres la mejor versión de ti mismo? ¿Qué te falta para conseguirlo?
La santidad es la búsqueda personal de lo mejor de ti, sacarle el máximo brillo posible, y que este eclipse los pecados que todos podemos tener. Al fin y al cabo todos los hombres somos pecadores, pero por desgracia no todos aspiramos a ser santos y acabamos simplemente conformándonos con la mediocridad de intentar pecar “lo menos posible”.


Dios está detrás de los valientes que se animen a buscar lo mejor de ellos mismos, y de los que les rodean. Que buscan crecer personalmente y ayudar a otros en su crecimiento. Que aspiran a que juntos seamos mejores personas y con ello construir una sociedad mejor en la que sea más fácil esta búsqueda. En definitiva buscamos una sociedad del amor, en la que tanto amemos a los demás que les ayudemos a sacar su parte más hermosa, y tanto nos amemos a nosotros mismos que cada día al despertarnos nuestro máximo deseo sea lucir las mejores galas. Ponernos las medallas que aumenten nuestro valor, y así mostrar que podemos ser mejor cada día.

3) A la luz de la Palabra Ex 34, 29-35

En este texto Moisés tras hablar con Yahveh descubre que su rostro se ha iluminado especialmente, así decide ponerse un velo cuando está con las demás personas de modo que esto no les aleje de escucharle.
Muchas veces los cristianos estamos tan a gusto con Jesús en la oración, que acabamos buscándola como un refugio, como esos minutos de paz en medio de una gran tormenta. Nos cuesta enormemente que la oración se haga vida en nosotros, y así Dios no sea cosa de un tiempo específico sino que ocupe nuestro corazón de modo que todo sepa distinto.
Quizás deberíamos ponernos un velo después de orar, un filtro de esos que vienen con los móviles, algo que nos ayude a no ver el mundo solo con los ojos mundanos sino con los ojos celestiales de Dios que vive en nosotros.


Al fin y al cabo no podemos olvidar que hemos de descalzarnos porque “el suelo que pisas es sagrado” (Ex 3,5). Y es que este mundo es obra de Dios y de hecho es Dios mismo, que a través de su creación también se revela en la historia. Por eso hemos de ver las personas y las cosas de un modo distinto, como medios de Dios para encontrar nuestra santidad, y no como fines en sí mismos.
Cada ocasión, cada persona, cada acontecimiento, disgusto o alegría, es oportunidad para conocer más de Dios y más de mí mismo. Pues conociendo a otros descubro también cosas de mí. Ponernos ese velo, ese filtro nos ayudará a ver a las personas con ojos de amor, de esperanza, de fe en Dios y en la humanidad.
Hemos de creer que todo es obra de Dios y que Él “lo vio todo bueno” (Gen 1, 31). Por eso tanto nosotros, como los demás tienen algo bueno, que más allá de la bruma del pecado, hemos de encontrar.

4) Llevar la oración a la vida

Si cada día me lo planteo desde el inicio el deseo de aprovecharlo al máximo para disfrutar de las personas y de los acontecimientos, como poco es más probable que aumente el número de días felices en mi vida. Pero lo esperable es que sencillamente aumente mi capacidad de esperanza.
Si descubrimos nuevos pozos de los que sacar agua viva, nuevos lugares que me enriquezcan y ayuden a ver a Dios, esperanzas renovadas que brotan como rosas en el jardín de mi corazón, faros que guían mi camino, y señales de cuanto me ama Dios. Si descubro todas estas cosas, es inevitable, que crecerá la luz de mi rostro, y el fragor de mi corazón. El amor necesita crecer en nosotros, así ansía nuevos meandros que provean de agua a la fuente de mi esperanza, de modo que todo mi ser sea río que en el mar descansa. Con todo ello la santidad se vuelve más ordinaria, más común, más accesible, más sencilla y con ello más visible.

No buscamos héroes de grandes hazañas, sino hombres sencillos que logren hacer de cada día distinto. De cada oportunidad un regalo, y de cada persona el tesoro que descubrir una razón para amarlo.
Ser santos y santas de Dios será sencillamente abrir nuestro corazón, velar nuestros ojos para no dejarnos engañar, y desvelarnos para encontrar a Dios en cada persona, cada ocasión.
Moisés guió a su pueblo en la huida de Egipto, Dios nos ha mandado a nosotros para que guiemos a este pueblo de oasis en oasis hasta la tierra prometida. Descubramos primero nosotros las fuentes de agua viva, y con ello haremos de este camino el viaje de nuestras vidas.

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