CUARESMA

Empezamos hoy la Cuaresma, un tiempo de humildad, austeridad, sencillez, conversión, perdón, oración, atención y cuidado del hermano… que nos llevará a la alegría desbordante de la Pascua.

Todos los años, desde1973, los papas han publicado un mensaje para este tiempo litúrgico. El título del de este año es: “La Palabra es un don. El otro es un don”

Resumo aquí el mensaje del papa y advertimos, una vez más, que los mensajes que circulan por la red, especialmente en forma de whatsapp, y con títulos tales como “la Cuaresma que quiere el papa” o similares no son ciertos. Es mejor leer directamente lo que dice el papa en vez de hacerse eco de falsas frases de Francisco. Para quien quiera conocerlo pueden hacerlo aquí.

La Cuaresma es un tiempo nuevo en el que recibimos una fuerte llamada a la conversión, a volver a Dios, a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor, amigo fiel que no nos abandona y nos espera siempre, aunque hayamos pecado. En este tiempo se debe intensificar la vida del espíritu a través de los medios que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna.

El papa nos ofrece para meditar durante este tiempo la parábola del hombre rico y Lázaro el mendigo.

1.- El otro es un don

En la parábola Lázaro, que está en una situación de pobreza desesperada, sin tener ni fuerzas para levantarse y con el cuerpo lleno de llagas, tiene un nombre que significa “Dios ayuda”, tiene una dignidad, es identificable. El rico en cambio, es anónimo y nos lo presenta la parábola como insensible hacia el pobre, no se da cuenta de que está a los pies de su mesa, como si fuera invisible. Lázaro, con su pobreza y miseria, nos enseña que el otro es un don,  toda persona es un don. Esto es una llamada para abrir nuestro corazón al otro y reconocer en él  el rostro de Cristo. Ese otro puede ser cualquiera, el vecino o un pobre, dice el papa.  Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor.

La descripción del rico en la parábola nos muestra tres aspectos de su pecado: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia. La codicia es la raíz de todos los males, como dice san Pablo, es la causa principal de la corrupción, fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a ser en vez de un instrumento a nuestro servicio para ayudar a los demás y hacer el bien, a convertirse en un ídolo tiránico que no deja lugar al amor e impide la paz.

Cuando miramos la decadencia moral del rico, cobran fuerza las palabras del Evangelio: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

2.- La palabra es un don

El rico solo reconoce a Lázaro en los tormentos de la otra vida y quiere que sea Lázaro el que le alivie de tanto sufrimiento dándole agua. Pide además que envíe a Lázaro para que advierta a sus hermanos de los sufrimientos que les esperan. Pero Abraham le advierte que tienen a Moisés y a los profetas. De esta manera se advierte que el verdadero problema del rico es no prestar oído a la palabra de Dios, que  le ha llevado a no amarlo y por tanto a despreciar al prójimo.

La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla, tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.