Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz

El día 1 de enero la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz. Con este motivo, desde el año 1968, los distintos papas publican un mensaje sobre algún aspecto a tener en cuenta que facilite la convivencia entre todos y  sirva para construir la paz que, como dice Francisco, es un don de Dios pero también obra de los hombres. El lema de este año es Vence la indiferencia y conquista la paz”

La indiferencia que el papa quiere que venzamos, en primer lugar, es la indiferencia hacia Dios de la que brota la indiferencia hacia el otro, especialmente hacia los más alejados de nosotros  y hacia lo creado.

El hombre, cuando pierde el contacto con Dios, se convierte en autosuficiente, cree que él no debe nada a nadie y solo piensa en sus derechos sin tener en cuenta sus deberes y se comporta con indiferencia hacia los demás. Esta indiferencia a los demás también le lleva a un desprecio hacia la naturaleza, la contaminación de las aguas y la destrucción del ambiente.

La indiferencia globalizada amenaza la paz.

En el plano individual, el olvido y la negación de Dios que lleva al hombre a una situación autorreferencial, han producido crueldad y violencia sin medida. Sin una apertura a la trascendencia, el hombre es presa fácil del relativismo y le resulta difícil actuar de acuerdo con la justicia y trabajar por la paz y facilita que persistan las injusticias y las desigualdades que generan un clima de insatisfacción que puede acabar en violencia e inseguridad.  En definitiva, el hombre falta a la obligación que tiene en la medida de sus capacidades y del papel que desempeña en la sociedad, a contribuir al bien común.

FranciscoPaloma_LOsservatoreRomano_151215En el plano institucional, la indiferencia respecto al otro, a su dignidad, a sus derechos fundamentales y a su libertad, junto con una cultura orientada hacia la ganancia y hacia el hedonismo, favorece, y a veces justifica, actuaciones y políticas que terminan por constituir amenazas para la paz. Esta actitud de indiferencia puede llevar a políticas económicas deplorables, premonitoras de injusticias, divisiones y violencias, con vistas a conseguir el bienestar propio o de la nación, tratando de mantener el poder y la riqueza, incluso pisoteando los derechos fundamentales de los otros. Cuando las poblaciones se ven privadas de sus derechos elementales como el alimento, el agua, la asistencia sanitaria o el trabajo, se sienten tentadas a tomárselos a la fuerza.

Por último, la indiferencia respecto al ambiente natural junto con el apetito insaciable de demanda de recursos, favorecen las catástrofes naturales que crean nuevas pobrezas e inseguridades en gran cantidad de personas que se ven obligadas a desplazarse a otros lugares.

¿Qué soluciones propone el papa?

En primer lugar, una conversión del corazón que nos haga pasar de la indiferencia a la misericordia.

Jesús nos enseña a ser misericordiosos, a  detenernos frente al sufrimiento de los otros, aliviarlos, curar sus heridas y no hacer caso de la indiferencia que a veces busca pretextos para no atender al que está en el camino esperando ser socorrido. Nos advierte del amor con el que tenemos que tratar a los extranjeros, a los enfermos, a los encarcelados, a los sin hogar e  incluso a los enemigos.

Por todo ello es necesario que la Iglesia testimonie en primera persona la misericordia: en las comunidades, parroquias, asociaciones…, donde haya cristianos, cualquiera debe encontrar un oasis de misericordia. Todos nos debemos sentir responsables de todos.

En segundo lugar, promover una cultura de solidaridad y de misericordia para vencer la indiferencia.

Esta acción la deben llevar a cabo las familias, los educadores y formadores y los medios de comunicación que tienen como misión el servicio de la verdad y no de intereses particulares.

Los responsables de los Estados están llamados a dirigir su mirada más allá de sus fronteras permitiendo a todos participar en la toma de decisiones y conseguir la fraternidad también  dentro de la familia de las naciones.

El papa termina diciendo que la paz es fruto de una cultura de solidaridad, misericordia y compasión y desea que en el año del Jubileo de la misericordia se hagan gestos concretos, actos de valentía con las personas más frágiles de la sociedad: los encarcelados, los emigrantes, los desempleados y los enfermos.

 

 

 

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