MUJERES

Hace años tuve la suerte de participar, invitada por el Consejo Pontificio Justicia y Paz, a una Conferencia Internacional que se celebraba en el Vaticano. El título era Vida, familia, desarrollo: el papel de la mujer en la promoción de los derechos humanos. En estos seminarios, a veces congresos, a los que he sido invitada en varias ocasiones, junto a ponencias de gran nivel se suceden testimonios de distintas personas que consiguen que los participantes salgamos con una visión más amplia sobre las realidades que viven los católicos en distintas partes del mundo. Y no solo eso, con el testimonio directo  podemos focalizarnos en personas o colectivos que viven situaciones vitales muy diferentes a las nuestras. 
Recuerdo de una forma especial este seminario. Me impresionó el testimonio de una mujer asiática hablando de las dificultades que tenían en muchas zonas para conseguir agua potable. Habló de las largas caminatas, a veces horas, que tenían que hacer para llevar esa agua a sus hogares. Es una labor asignada a las mujeres y por ello, las niñas tienen que abandonar la escuela a una edad muy temprana. Si la madre va a por el agua, ¿quién se ocupa de las tareas de la casa que están asignadas a las mujeres? En ocasiones no hay con quién dejar a un niño pequeño enfermo y hay que escoger entre hacer la larga caminata con él, con lo cual el peso se acrecienta y las condiciones del niño enfermo no son las mejores, o dejarlo en casa solo. Esta mujer, que hablaba de esta realidad, lo hacía con serenidad, sin poner especial dramatismo pero para mí, imaginarme en una circunstancia así me daba escalofríos.
El testimonio de una mujer egipcia también me llamó la atención. Acusó a las europeas de reivindicar derechos de niñas mimadas  y a continuación pasó a describir situaciones de “no derechos” para muchas mujeres de África: violencia generalizada contra ellas, casamientos forzosos, dificultades para desplazarse libremente, violaciones, rechazos familiares como consecuencia de esas violaciones…   
Desde marzo del 2009 hasta hoy, la situación ha empeorado en muchas regiones y sigue habiendo un largo camino por recorrer. Por eso es necesario tener en cuenta como creyentes las palabras del papa en  Evangelii gaudium, citadas en el blog de Beatriz Melguizo “Sobre roca”. Para no repetir, haré mención a otra cita, también de la misma exhortación apostólica: “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y no se pueden eludir superficialmente…Aquí hay un gran desafío para los pastores y para los teólogos, que podrían ayudar a reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia” (Evangelii Gaudium, n 104).