Miércoles de la 22ª semana del Tiempo Ordinario (A)

Lectura del santo evangelio según San Lucas (4, 38-44)

Al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella. El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.

Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. Pero él les dijo: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Comentario

Pues para esto he sido enviado

El mismo Jesús aclara su misión: el anuncio del Reino de Dios en todo el orbe conocido. Lo que representan las otras ciudades distintas a Cafarnaún lo representan en la actualidad millones de hombres que desconocen el mensaje salvífico que Jesús trajo al mundo. Esa tarea, la de evangelizar, la de proclamar el Reino, incumbe a todos los bautizados, como explicitó el Concilio Vaticano II y San Pablo VI remachó en su esencial “Evangelii nuntiandi”. Para esto hemos sido también enviados nosotros, bautizados en Cristo: para anunciar a los hombres de todas las ciudades que el Dios amor ha irrumpido en nuestra historia para llevarnos a la vida plena de la salvación. Todo lo demás son ropajes: diferentes modos, métodos, sistemas de evangelización para llevar el mensaje cristiano a los hombres de nuestra época. No somos ni de Pablo ni de Apolo, como oportunamente reconviene el apóstol a los corintios, sino de Cristo. Su misión nos toca actualizarla ahora mismo en la tierra: cada uno con su acento, con sus peculiaridades y su estilo, pero convencidos de que no hacemos más que poner al día para lo que Jesús fue enviado.

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