La revolución silenciosa

Optimismo, realismo y pedagogía

Lars Kraume escribe y dirige esta trepidante película, basada en hechos reales e inspirada en la novela de Dietrich Garstka, uno de los protagonistas de la llamada “revolución silenciosa”. Garstka, el autor del relato autobiográfico, tuvo la fortuna de colaborar en la redacción del guion, pero falleció dos meses después de su estreno mundial en la última edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, celebrado el pasado mes de febrero.

Kraume honra este legado desplegando una brillante historia situada en la Alemania del Este, la Alemania comunista, en 1956 (cinco años antes de la construcción del Muro de Berlín). En plena guerra fría, Alemania del Este, bajo el liderazgo de la Unión Soviética, rivaliza con la Alemania Occidental, bajo la influencia de los EE.UU. Es una guerra sin conflicto armado donde los países se aglutinan en bloques; el Bloque Comunista, que defiende los valores socialistas y el totalitarismo, y el Bloque Occidental, que aboga por el capitalismo y la democracia.

En este contexto, dos alumnos de un instituto de la actual Brandenburgo, al Este de Berlín y en la frontera con Polonia, viajan desde la RDA (comunista) a la RFA (capitalista) atravesando todo el país. Allí, sin la mordaza del silencio mediático, escuchan acerca de la Revuelta de Hungría, un intento de sublevación de los húngaros contra los comunistas. A su regreso, impactados por lo sucedido, convencen a sus compañeros de clase para guardar un minuto de silencio en el aula como gesto de solidaridad, pero el plan se tuerce cuando la aparentemente insignificante afrenta llega a oídos del Ministro de Educación del régimen totalitario.

Por temor a favorecer una contrarrevolución, el ministro realiza una desesperada búsqueda de los cabecillas. Y es aquí donde se despliega una trama donde se entremezclan lealtad, totalitarismo, familia, secretos, mentiras y culpabilidad. Quizá Kraume debería haber atenuado el dramatismo en la última parte de la cinta, pero desemboca con elegancia en un inesperado final cargado de optimismo, realismo y pedagogía. En el reparto, plagado de jóvenes actores con excelentes interpretaciones, destacan Jonas Dassler como Erik y Leonard Scheicher como Theo.

Es, sin duda, uno de esos estrenos inadvertidos del verano pero que merece mucho la pena ver. Aunque para ello habrá que esperar a su lanzamiento en DVD a final de año. Tomen nota.

Guillermo De Lara

 

 

 

 

 

 

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