“Solo Jesús puede darle al hombre lo que necesita para saciar sus deseos de plenitud”

Jesús Ojeda Martín, natural de Écija, es uno de los seminaristas que el próximo 22 de junio se ordenarán sacerdote en nuestra Archidiócesis.

Ante la proximidad de su sacerdocio se siente con una profunda alegría: “Para mí ser sacerdote significa ser otro Cristo, es una auténtica bendición que tras un reposado período de formación, haya llegado el momento de la Ordenación, donde por la imposición de manos del Obispo, sucesor de los Apóstoles, y la oración de consagración recibiré la gracia para desempeñar el ministerio de Cristo Buen Pastor, actuar en persona de Cristo para tantos que lo necesiten”.

Dar gracias a Dios por todo lo que ha obrado

Llegado a este recorrido de su camino da gracias a Dios “por todo lo que ha obrado con mi familia y amigos; en mi caso ha sido precioso ver cómo ellos han ido descubriendo la autenticidad de mi vocación. Pasando por momentos difíciles de rechazo; otros períodos agridulces de respeto y comprensión; hasta llegar a alegrarse y verse desbordados”.

Jesús Ojeda pertenece a las parroquias de San Gil Abad y San Juan Bautista de Écija. Descubre su vocación por el testimonio de un diácono a punto de ordenarse sacerdote: “Viví con mucha intensidad su primer bautizo, su primera boda, su primera Misa, la alegría con la que se relacionaba con los demás para mostrarles la fe de una manera cercana. Y pensé ¿Por qué no yo?”

No se puede dejar pasar la oportunidad de ser verdaderamente felices

Confiesa emocionado que emprender este camino es lo mejor que le ha pasado en la vida y que, sin duda, lo volvería a elegir de nuevo. Por lo tanto, aconseja a todos los que actualmente se plantean su vocación “que no tengan miedo, que recen mucho y le pidan a Dios que aclare sus dudas, y que confíen en algún sacerdote que les pueda ayudar sin condicionarles. No se puede dejar pasar la oportunidad de ser verdaderamente felices”.

Hasta llegar al día que tanto anhela, el de su ordenación como sacerdote, han transcurrido sus años de Seminario, de los que recuerda que lo más difícil ha sido ser fiel en las pequeñas cosas, en los detalles del día a día donde hay que buscar siempre la voluntad de Dios. Es consciente de que la Iglesia “necesita sacerdotes según el Corazón del Señor, no según ningún tipo de interés, porque solo Jesús puede darle al hombre lo que necesita para saciar sus deseos de plenitud, poco a poco hay que ir puliendo la vocación para acercarnos cada vez al Maestro”.

La mano tendida de la Iglesia

Jesús nos explica que la Iglesia actual, la Iglesia del siglo XXI, la ve como una gran desconocida e incomprendida. Cree que son muchos los estereotipos que desde fuera establecen una pantalla entre la Iglesia y la sociedad actual. “Siempre he descubierto en la Iglesia una mano tendida, una palabra de aliento y esperanza, un lugar para descansar e incluso para divertirse”.

Cuando le preguntamos si es fácil seguir a Dios, aunque implique dejarlo todo para ser sacerdote, nos comenta que el mismo Jesús advierte de que es llevadero seguirle, sin embargo hay que negarse a sí mismo y cargar con la Cruz.  “¿Es fácil para un padre criar a un hijo? Tiene que sacrificarse, enfrentarse a muchas incertidumbres, pero sabe que tiene que hacerlo y solo así puede encontrar sentido a su vida”.

Descubrir la novedad que trae el Evangelio

Considera que la mayor dificultad con la que puede encontrarse un sacerdote actualmente es con los prejuicios que los demás puedan tener sobre él: “Pero creo que es una buena oportunidad para romper ideas preconcebidas y ofrecer la novedad que siempre nos trae el Evangelio”. 

Deseamos muchas bendiciones en su sacerdocio a este joven seminarista, a quien le emociona especialmente un versículo de San Pablo a los Gálatas:  “Vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”. Oramos por él en estos días previos a su ordenación, para que Dios le conceda perseverar al servicio de su voluntad, para que en su ministerio y en su vida busque solamente su gloria.

 Testimonio recogido por Mari Carmen Hernández Falcón 

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