¡Valme Señora, ruega por nosotros!

Historia y tradición

El origen de la devoción a la Virgen de Valme se remonta, según una antigua tradición, a la época de la conquista de Sevilla por el rey Fernando III de Castilla y León. Autores como Diego Ortiz de Zúñiga, «Fernán Caballero» y José Alonso Morgado relatan cómo el Santo Rey, estando en el cerro o castillo de Cuartos, a una legua de la ciudad, y viendo lo dificultoso del asedio, invocó el auxilio de la Virgen con estas palabras: «¡Valme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla, en la que a tus pies depositaré como ofrenda, el pendón que a los enemigos de España y de nuestra Santa Fe conquiste!». Y la piadosa leyenda añade que, entonces, ordenó al maestre de Santiago, Pelay Pérez Correa, que clavara su espada en el suelo, brotando un manantial –la Fuente del Rey– que sirvió para calmar la sed de los soldados cristianos.

Una vez que San Fernando entró en Sevilla el 22 de diciembre de 1248, cumplió la promesa hecha a la Virgen y construyó una ermita en ese lugar, donde entronizó la imagen a la que había invocado, que se llamó «Valme» en recuerdo de la súplica del monarca, y a sus pies, el pendón arrebatado a los musulmanes. La Virgen de Valme es, ciertamente, una imagen gótica sedente, del siglo XIII, que representa a Santa María con su Hijo sentado sobre la rodilla izquierda, el cual bendice y porta un pajarillo. El Niño dirige su mirada a la flor que le muestra su Madre.

La ermita de Valme adquirió fama y se convirtió pronto en lugar de peregrinación para los campesinos y aldeanos de los lugares próximos. Ya en el siglo XVII (1628) consta la existencia de una Hermandad que rendía culto a la Señora. Por entonces, la principal fiesta de la Virgen se celebraba el segundo día de la Pascua de Pentecostés. La devoción arraigó sobre todo en la vecina villa de Dos Hermanas, a cuyo término pertenecía el cortijo de Cuartos. Así, la Virgen de Valme era llevada en rogativas hasta el pueblo cada vez que ocurría alguna calamidad o catástrofe. Tal sucedió, por ejemplo, en 1649, con ocasión de la peste negra que diezmó la población de Sevilla.

En el año 1800, debido a una epidemia de fiebre amarilla, la imagen fue trasladada a la parroquia de Dos Hermanas, donde ya quedó con carácter estable. Ello provocó la ruina y abandono de la ermita, lo cual coincidió, además, con la decadencia de la Hermandad, acrecentada por la Guerra de la Independencia. Sin embargo, pocos lustros después comenzaría a resurgir el culto a Santa María de Valme.

La Virgen de Valme es la imagen más venerada en Dos Hermanas, una populosa ciudad de ciento veinte mil habitantes situada a doce kilómetros de la capital hispalense. Prueba de esta secular devoción son los títulos de Protectora de la ciudad y de Patrona de su Ayuntamiento, otorgados a Santa María de Valme, respectivamente, en los años 1897 y 1964; así como su Coronación Canónica, acontecida el 23 de junio de 1973.

El 16 de febrero de 1987, visitaron a la Virgen los Reyes de España Don Juan Carlos I y Doña Sofía, que son Hermanos Mayores Honorarios de la Hermandad de Valme. En 1995, con motivo del centenario de la Romería, el alcalde de Dos Hermanas impuso a la venerada imagen la Primera Medalla de Oro de la Ciudad.

La devoción a la Protectora de Dos Hermanas ha traspasado fronteras, llegando entre otros lugares hasta Roma, donde existe desde 1982 una parroquia dedicada a Nuestra Señora de Valme, en la zona portuense de Villa Bonelli, que fue creada por el papa Juan Pablo II y actualmente está presidida por una imagen que evoca a la original, bendecida por el papa Benedicto XVI en el Vaticano el 10 de marzo de 2010.

La Romería

La Romería de Valme se celebra cada año el tercer domingo de octubre tras unas intensas vísperas en las que tienen lugar diversos actos y cultos: función principal de la Hermandad, pregón, quinario, ofrendas florales y besamanos, entre otros. Durante estos días se congregan grupos de familiares y amigos, que terminan de arreglar sus carretas, galeras, coches de caballos, trajes, etc., y que preparan platos caseros y sencillos para la festividad.

La jornada romera comienza, al alba, con la misa de romeros en la parroquia, tras la cual se traslada la imagen de la Virgen a su carreta, hecha con 75.000 flores de papel de seda rizado a mano, siendo necesarios más de dos millones de «pellizcos» para confeccionarlas. El color varía cada año, alternándose amarillo, rosa, celeste y naranja con el blanco. Las columnas se adornan con verde tuya y cestos con unas mil varas de nardos. La carreta va tirada por una yunta de bueyes enjaezados con frontiles de plata y collarines bordados.

 

Así comienza el recorrido, que atraviesa las calles más céntricas de Dos Hermanas y continúa, entre el campo, por la «Carretera vieja» hasta la ermita del cortijo de Cuarto, junto a la barriada de Bellavista, ya en término de Sevilla. Una carretera estrecha y sinuosa que regala bellas estampas, como por ejemplo en los parajes de Barranco, al pasar el arco de la Torre de Doña María o en la popular «Cuesta del inglés», cuando la pendiente del camino muestra a Sevilla por el horizonte. Acompañan la carreta de la Virgen varios centenares de caballistas típicamente ataviados, más de quince carretas vistosamente exornadas también con flores de papel rizado a mano, una treintena de galeras con animadas reuniones, y decenas de miles de peregrinos que lucen sus mejores galas, destacando el elegante atuendo de las mujeres, vestidas de flamencas o de amazonas; en el cortejo no se permite la participación de vehículos a motor.

El momento culminante de la jornada es la entrada de la Virgen en la ermita, en torno a las dos de la tarde, donde a continuación se celebra la Santa Misa. Tras el almuerzo y un breve descanso en el que predominan los cantes y los bailes, se reza el rosario a las cinco y media de la tarde y, seguidamente, se emprende el regreso hacia Dos Hermanas, adonde llega la comitiva sobre las diez de la noche.

Post relacionados