San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia (C)

Lectura del santo Evangelio según Mateo (5, 38-42)

Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

Comentario

A quien te pide, dale
Jesús desborda, superándola, la ley del Talión que había servido desde la noche de los tiempos para contener la respuesta a una afrenta o una agresión en un rango de proporcionalidad adecuado. Digamos que ese ojo por ojo y diente por diente fue la primera forma de introducir algo de humanidad en la violencia desatada. Pero el paso que Jesús pide a sus seguidores -el que te pide en concreto a ti, que estás leyendo estas líneas- va más allá porque busca cortar de raíz la espiral de violencia con su escalada de agresiones y respuestas que sólo engendran nuevas agresiones a las que siguen nuevas respuestas. Aquí el discípulo de Cristo se desarma. Y es un desarme con todas las consecuencias: porque implica el abandono efectivo en la voluntad del Padre antes que parapetarse en el orgullo para exigir a los demás lo que no estamos dispuestos a darles a ellos. Es un mensaje tan radical entonces como ahora. Y difícil de entender. Pero se hace acuciante. En tiempos de Jesús de Nazaret y en nuestros días. La paz solo se construye renunciando a la violencia.

Post relacionados