Los Centros Diocesanos de Orientación Familiar, en misión

La Fundación “María Reina de la Familia”, que engloba a los Centros de orientación familiar diocesanos de Sevilla (COF), ha mantenido una reunión con el obispo auxiliar, mons. Santiago Gómez Sierra. Él, después de hacer una magnífica exposición sobre lo que deben ser los COF y  su finalidad, concluyó diciendo: “Los Centros de Orientación Familiar están en misión.”

Sobre ello quisiera  escribir unas letras. Una de las definiciones de la palabra ‘misión’ es “poder que se le da a una persona para desempeñar un cometido”.

La misión o cometido que tenemos todos aquellos que colaboramos en un COF es “poner aceite en las heridas” de  las personas que llegan con un sufrimiento familiar, como nos dice la parábola del Samaritano: “Se acercó y le vendó las heridas después de habérselas curado con aceite y vino” (Lc 10, 34).

Los COF ofrecen palabras de consuelo y luz a todos aquellos que acogen, ayudando así a mejorar la sociedad siendo un bien moral, cultural y social para la misma. Ante la cultura que atenta contra el matrimonio, la familia y el fracaso del amor conyugal, los COF dan una respuesta.

En la exhortación apostólica Familiaris Consortio (1981), el Papa Juan Pablo II  afirma que “la Orientación Familiar, promovida por diversas instituciones de la Iglesia, es un servicio que participa de su misión de salvación de los hombres” (n. 75). Y la denomina “misión” por las finalidades que persigue y por los resultados que se derivan para el bien de la sociedad y de la misma comunidad cristiana.

Colaborar en un COF en cualquiera de sus tareas (dirección, secretaría, acogida, atención psicológica, jurídica, médica, formativa, etc.…) es realizar un servicio, recibido como una gracia, que confiere al profesional y colaborador una misión apostólica.

Beatriz Melguizo

 

 

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