La nueva Iglesia que surge del confinamiento

Un número importante de españoles ha pasado el confinamiento igual que todo el país, pero con un hándicap mayor, no poder celebrar la semana más importante de su calendario en los templos, ni en la calle. La Cuaresma, la Semana Santa 2020 quedará para todos ellos en el recuerdo. La religión católica es seguida según el Centro de Investigaciones Sociológicas por el 61,2% de la población española. ¿Cómo hemos vivido los católicos nuestra fe en el confinamiento? ¿Qué dificultades o ventajas se nos han presentado? Le hemos preguntado a un diácono, a un sacerdote y a un laico.
De izq. a dcha.: Francisco Trigo (Diácono), Manolo Jiménez (Director del Seminario Menor) y Carlos Palanco (Laico)

 

La pandemia sufrida por el coronavirus este año 2020 ha ocasionado reacciones y consecuencias en todas las esferas. Se han visto afectadas nuestras actividades profesionales, personales y cómo no, espirituales. Para muchos no salir de casa puede que no sea más que una pesada imposición, pero para otros ha podido tener efectos anímicos importantes. Lo hemos sufrido todos: laicos, clero y jóvenes seminaristas que han tenido que cambiar por completo su formación, sus espacios y sus rutinas porque nada humano les es ajeno.

Francisco Trigo es diácono de la diócesis de Sevilla. Cuenta que por suerte ha podido seguir recibiendo algunos sacramentos en su parroquia, pues está muy cerca de su casa. Allí encuentra sus momentos de oración y de ayuda, sobre todo con las personas mayores; “los domingos, el día del Señor, llamo a las personas mayores que frecuentan la parroquia en la cual colaboro como diácono. El primer mandamiento de la ley de Dios es “amarás a Dios sobre todas las cosas”. El ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios, así que interesarme por estas personas de edad avanzada me ayuda a cumplir este mandamiento y, al mismo tiempo, hace que ellas se sientan cerca de Dios. Pues ni Dios ni la Iglesia las abandona en estos momentos”.

Confinamiento, sufrimiento e historia

Y ¿qué ha pasado con los laicos? Hablamos con Carlos Palanco, un joven estudiante de Derecho en la Universidad de Sevilla y feligrés de la parroquia de San Juan Pablo II, en Dos Hermanas. Siendo el más pequeño de dos hermanos y viviendo en un piso, nada le distrae de lo que realmente importa: “Seamos realistas, somos personas y como tales, podemos tener momentos de idas y venidas pero, a lo largo de la Historia, nuestros hermanos cristianos han sufrido y están sufriendo cosas mucho peores. Hablamos de los cristianos asesinados y perseguidos, de aquellos que tienen que huir de su país, de aquellos que pasan hambre, de los excluidos de la sociedad por su raza, etnia, género, condición/orientación sexual y por supuesto por su religión. Dicho esto, ¿realmente esto nos supone un gran problema para seguir con nuestra fe? Por supuesto que no, tenemos que pensar que esta situación se solucionará pronto y podremos volver a nuestros quehaceres habituales.”

El clero ha sido en ocasiones muy criticado en esta situación tan anómala. Para muchos, que se cerraran las iglesias y se acataran las ordenes del Gobierno, no era más que una falta de fe por parte de la institución. Manolo Jiménez, director del Seminario Menor de la diócesis de Sevilla, a cargo de 8 menores, nos dice que los sacerdotes no han abandonado a nadie, que han continuado ahí de forma distinta; “he visto y veo a cientos de sacerdotes en las redes cada día celebrando la Eucaristía, organizando grupos de oración, charlas, retiros, rezando con otras personas… Si lo aprovechamos bien se fortalecerá nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad.”

Reforzando la fe

Ellos tres forman una pequeña muestra de la Iglesia Católica en Sevilla. Su visión positiva y hasta alegre por esta situación de confinamiento que hemos vivido es evidente; forman parte activa de la Iglesia, practicando, viviendo la fe y llevando el Evangelio a cada rincón, incluso a esta entrevista. Los tres están de acuerdo en que la pandemia ha sido una experiencia dura aunque positiva porque han contado con las fuerzas adecuadas. No creen que sea distinto el sufrimiento de un creyente de los que no lo son. Para ellos no poder recibir los sacramentos, lo han visto incluso como una prueba para reforzar su fe.

En el caso de Fran Trigo, todo esto ha servido para producir un cambio de nuestro ser;  “toda la sociedad se ha visto modificada interiormente. Muchos la manifiestan con aplausos, generando vídeos, entreteniendo a sus vecinos con espectáculos en sus balcones. Creo que un creyente manifiesta su cambio poniéndose en la piel del prójimo, sabiendo que otros necesitan de él ahora y en el futuro, humana y espiritualmente.”

Para la feligresía puede que haya sido más difícil sin un lugar al que acudir para hacer vida de fe.  “Dios también está en las pequeñas cosas y en lo que nos gusta.” Así lo define Carlos, que se confiesa como un peón más de la cadena tan inmensa que se ha forjado a través del confinamiento. Él cree que ahora desde casa es más consciente de lo que tenía en su parroquia y en su grupo de amigos, por ello cada día llama y se involucra en saber cómo les va a sus cercanos. “Los feligreses pueden tener sus momentos de oración garantizados, pues ahora son retransmitidos por las redes sociales y la tv local”.  Cámaras en streaming, micrófonos, redes sociales y muchos medios se han hecho presentes en las iglesias durante el estado de alarma, para llevar las eucaristías y adoraciones a las casas.

Las circunstancias han cambiado

Carlos se confiesa sorprendido, pues cuando se conectaba a la adoración de su parroquia veía comentarios de gente saludando desde Venezuela o México. Manolo por su parte, celebra la Eucaristía todos los días desde su casa. “Envío audios comentando el Evangelio de cada día a mis chicos. Rezo el Rosario con mi familia. Hago oración personal, y también con otras personas a través de videoconferencia.” Como director de un grupo de menores, con vocación al sacerdocio no puede dejar de estar ahí para ellos, a pesar de la situación extraordinaria.

Las circunstancias han cambiado, pero si en algo están de acuerdo los tres es en que el camino para sobrellevar esta situación es a través de la oración. “Comer nos ayuda a mantenernos vivos, pero no saciamos el hambre para siempre. La fe nos ayuda a mantenernos atentos a la voz de Dios, pero también hay que alimentarla. La fe necesita diariamente momentos de oración, de cercanía a Dios.”. Fran describe que igual que se tiene tiempo para hacer deporte porque es bueno para la salud y hay tiempo para el estudio o el trabajo, también se deben de encontrar momentos para hablar con Dios.

Manolo no lo ve distinto, y añade que es muy importante “no perder a la comunidad de referencia. Puede ser la familia, pueden ser otras personas a través de las redes”. Pues como todo camino si acompañado es menos costoso, encontrar lugares en casa potencia además acordarse de ello. Manolo ha preparado una habitación en su casa para poder celebrar la Eucaristía, y tenerla como “capilla”. “Creo que los sacerdotes están imitando a Cristo, aun siendo afectados por las circunstancias, a todos, estoy seguro, les gustaría seguir con la labor de la evangelización; llevar el Santísimo a los enfermos; atender a los pobres, etc. Veo en ellos cómo imitan a Jesucristo, atados de pies y manos, en la cruz, limitados por la distancia y el confinamiento, queriendo hacer más…”. Para Francisco, los curas no están dejando atrás su labor, no están siendo irresponsables, ya que en la medida de lo posible realizan su tarea. En lo espiritual y emocional, están muy ligados a los fieles. El confinamiento ha generado distancia social, pero no distancia espiritual.

Dios habla en el silencio

Palanco subraya las palabras de Santa Teresa de Calcuta; “”Es en el silencio de tu corazón donde Dios habla”. No cree que existan recetas mágicas pero recalca la idea de que orando y dando gracias a Dios, esta situación puede convertirse en un tiempo de gracia. Carlos está convencido de que si esta situación algo puede generar es fuerza para salir más fuertes, más enérgicos y con un corazón más humano. Al riesgo de que el confinamiento haya sido una causa de pérdida de la fe, responde con un “No” rotundo; invita a mirar hacia el interior de cada uno. “De hecho, yo aconsejaría que antes de volver al ruido de la cotidianeidad, donde todo marcha a mucha prisa y poco paso lento, que reforcemos, mediante la oración y el silencio, nuestra relación con Dios”.

Los tres se declaran con ganas de volver a recibir los Sacramentos presencialmente, y de regresar a la normalidad, sabiendo que no olvidarán todo lo vivido en estos meses de confinamiento y de dolor para tantas familias. Y con un pensamiento positivo de lo que genera el buen hacer común de los ciudadanos, cuando todos se ponen de acuerdo. Siguiendo la referencia de aquellos primeros cristianos que debían reunirse en pequeños grupos por miedo a ser perseguidos, ahora lo harán para no contagiarse. Todo apunta a una situación parecida en un futuro cercano. Fran cree que el Papa emérito se adelantó a esta nueva realidad:  “Benedicto XVI tiene, en una de sus obras, una idea sobre lo que será la Iglesia en el futuro. Dice algo así como que será un reducto de comunidades pequeñas, pero de una práctica de fe verdadera, pura. Quizás nos estemos acercando a esa idea.”.

Iglesia Doméstica, Iglesia que se adapta

El término “Iglesia doméstica” ha rozado el Trending Topic para los creyentes durante la pandemia. Manolo Jiménez lo sabe bien, “Eso lo estoy redescubriendo estos días. Dios está en todas partes, y la casa y la familia es el lugar privilegiado para vivir la Iglesia doméstica”. Pensar que en cada casa estaba Dios era la fuerza de muchos hogares para no “desistir”.

Si una palabra se ha escuchado mucho durante el confinamiento es “Resistiré”; la famosa canción del Dúo Dinámico se ha convertido en el himno y bandera del país en estos días. Sin embargo, Fran Trigo cree que la canción no ha sido más que una banda sonora pegadiza y alegre,como una canción del verano. Para muchos se ha establecido en un estilo. “Muestran continuamente las versiones del “Resistiré” que no es otra cosa, y me refiero a todo en su conjunto, que una exaltación del hombre sin Dios. De todo lo que es capaz el hombre sin Dios. En otras palabras: La Palabra, con mayúsculas, está siendo desahuciada de los hogares, de las familias, de las vidas. El desahucio de Dios tendrá sus consecuencias. ¿acaso lo podemos todo sin Dios? ¿ya nadie quiere salvarse?”.

Sea como fuere, la pandemia de Covid-19 ha dado mucho que pensar, debatir, crear, hacer y soñar. Adaptando a 48 millones de personas en apenas un fin de semana a un nuevo estilo de vida. Consecuencias que solo el paso del tiempo y los expertos revelarán. Ahora como en muchas otras etapas de la historia, a la Iglesia Católica le queda adaptarse rápidamente como demanda la sociedad.

J.J. Martínez Escobar

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