HOSPITALES DE CAMPAÑA

Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles. Cercanía y proximidad. Veo a la Iglesia como un “Hospital de Campaña” tras una batalla….Hay que curar heridas y hay que comenzar por lo más elemental.” Papa Francisco.
Hay muchos tipos de heridas en este mundo, heridas por el hambre, por la guerra, la soledad, la explotación, el egoísmo, la incomprensión, discriminación, etc.…
La Iglesia, como Madre, está llamada a atender estos sufrimientos y necesidades. Para ello cuenta con distintas acciones pastorales que atienden a estas situaciones de dolor (Pastoral de la Salud, Pastoral Penitenciaria, Cáritas, Pastoral de la Familia y de la Vida, etc.).
Todas estas actuaciones son la respuesta al mandamiento primordial del amor que nos invita a todos a practicar la misericordia.
No obstante lo anterior, no podemos confundir a la Iglesia con una ONG justificando así su propia existencia. Ya que su misión fundamental es la Evangelización.
A propósito de esto, nos dice Mons. D. Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares:
Hay  que mantener firme el propósito de la evangelización, de la gestación de nuevos cristianos y de la atención en “nuestros hospitales de campaña” (Cáritas, Centros de Orientación Familiar, etc.) de tantas personas heridas (física, psíquica y espiritualmente) que esperan nuestro amor, nuestra misericordia y nuestra ayuda, siempre desde la verdad
Los Centros Diocesanos de Orientación Familiar intentan paliar el sufrimiento de las familias a través de la acogida, acompañamiento y en su caso orientación profesional. En estos centros no siempre se puede curar el sufrimiento, pero en cualquier caso se puede poner “aceite en las heridas”, como nos dice la parábola del Buen Samaritano.
No sólo atienden a los “heridos”, sino ofrecen una educación preventiva, anunciando el amor conyugal, la vocación al amor, la belleza de la fidelidad, la grandeza de la paternidad, la verdad y el sentido de la sexualidad humana.
El amor es un trabajo difícil, es verdad; hay que enseñarlo, cuidarlo, sanarlo y ayudar a vivirlo en su totalidad. Para ello se crean los Centros Diocesanos de Orientación Familiar, porque quieren servir a las familias en su caminar.
No sólo asisten a las familias ofreciéndoles orientación cuando lo necesiten; también acogen y defienden  la VIDA y ofrecen distintas acciones formativas.
Se da una respuesta a cada situación desde la “antropología adecuada” a través de la razón iluminada por la fe.
Aunque se atienda en ellos a las personas sin importar su ideología, creencias o circunstancias personales o sociales, no pueden ser neutrales ante el desafío de exponer la verdad sobre el hombre.
Por todo ello, colaborar en un Centro de Orientación Familiar en cualquiera de sus tareas implica realizar un servicio, que se ha recibido como una gracia y que le imprime al colaborador y profesional una misión apostólica.
Desde aquí invito a todas las personas que tengan cualquier tipo de sufrimiento que afecte a la familia que acudan a ellos. Nunca se van a sentir solos. Siempre habrá alguien dispuesto a escuchar y a ayudar.