AUTORREFERENCIALIDAD

espiral-296x300La palabrita se ha puesto de moda. La autorreferencialidad es la actitud de quienes analizan todo en función de sus gustos, necesidades y experiencias, sin admitir otros planteamientos que pudieran poner en crisis sus esquemas mentales. El caso es que, con esa actitud,  uno termina empobreciéndose y perdiendo el contacto con la realidad, confinándose en círculos  cerrados en los que se da vueltas una y otra vez a los mismos temas, utilizando los mismos modelos de pensamiento.

Si esta actitud es preocupante en cualquier persona, mucho más en gente de Hermandades. Una actitud que se opone a  la salida de sí e impide el encuentro real con el otro.  Víctimas de su propio lenguaje rígido, con el pretexto de salvaguardar una supuesta ortodoxia cofrade, siempre repite con su propio lenguaje las mismas ideas.  Un lenguaje que resulta esotérico, sólo para iniciados, encerrando así al mundo cofrade en un gueto social y cultural.

En estos ambientes anclados en chismes y en discusiones estéticas, sin referencias éticas, el Bien, la Verdad y la  Belleza quiebran ante una supuesta belleza desconectada del Bien y la Verdad que se agota en construcciones imposibles y que no mejoran a la persona.

En este asunto tienen mucho que decir quienes dirigen las Hermandades. La pertenencia a la Junta de Gobierno de una Hermandad es fuente de exigencias éticas vinculantes, que obliga a la elaboración o reconstrucción de una antropología de las Hermandades y de sus aspectos teológicos y pastorales: planes de formación, definición del papel de las hermandades en la sociedad actual; presencia en la vida pública; Doctrina Social de la Iglesia, y varios temas más.

También es necesario repensar todo lo que hace referencia a su gestión, como organizaciones de personas que son. Me estoy refiriendo a cuestiones como  planificación estratégica, definición de objetivos, innovación en los procesos, gestión financiera, dirección de reuniones, liderazgo, comunicación institucional.

Sin embargo cuando,  desde las hermandades,  alguien pretende abrirse a nuevas ideas o planteamientos se convierte en un personaje extraño e imprudente, porque pone en peligro la falsa seguridad del grupo. Explica Ortega y Gasset en “El Espectador” que en las sociedades primitivas quien se separaba del grupo y quería pensar y vivir por su cuenta era considerado un traidor, porque ponía en peligro la seguridad del grupo. «También ahora vuelven muchos hombres a sentir la nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por la vida bien juntos, en ruta colectiva, lana contra lana y la cabeza caída,  buscando un pastor y un mastín».

Esta autorreferencialidad no es exclusiva del mundo cofrade, la estamos viviendo en la política y quizá sea una de las causas del auge de los populismos de cualquier signo. Cuando sólo se admite la verdad oficial, el discurso único, hay quienes se sienten fuera del sistema, sin referencias,  y si alguien propone planteamientos fuera de lo habitual, de lo  políticamente correcto, encuentra en estas personas un eco inesperado.

Es necesario romper ese círculo que se realimenta continuamente en una espiral empobrecedora. Aportar aire fresco, ideas nuevas, expresadas desde la libertad, sin más límite que el respeto a la doctrina de la Iglesia y a su Jerarquía. Las alternativas son el “enranciamiento cofrade”, o la aparición de populismos ajenos a la doctrina de la Iglesia que llevan a las Hermandades por derroteros  que los alejan de su fin