Coherencia

armaduras de cimentacionA veces, para resaltar las virtudes de alguien se dice de él que “es una persona muy coherente”. Precisamente esa es  una de las cualidades que debe brillar en los hermanos mayores y, por extensión, en los miembros de sus juntas de gobierno.

¿Qué es eso de ser coherente. La persona coherente es la que actúa  en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa, sin contradicciones.

En cierta ocasión en que el Cardenal Marcelo Spínola, tan querido en nuestra ciudad  y Titular de una de sus Hermandades, decidió ir al Senado  para intervenir en el debate de un proyecto de ley sobre órdenes religiosas (como  Arzobispo de Sevilla era miembro nato del Senado de  la Nación), le aconsejaron insistentemente que no fuera, para no comprometer su dignidad, ni su prestigio. La  respuesta del Cardenal fue contundente: “La dignidad de una persona se la confiere su coherencia, el seguir el dictado de la conciencia siempre y hasta  el final”. 

En toda persona, en toda institución, debe  haber  coherencia entre las actuaciones y los principios éticos que la informan. Esa es la estructura básica que sostiene toda la organización. La persona coherente es la que actúa en consecuencia con sus ideas, la que evidencia unidad entre lo que piensa y lo que hace. Cuando la coherencia se debilita  la institución –en nuestro caso la Hermandad- se debilita, pierde unidad y puede llegar a romperse. En una Hermandad, y en los miembros de su  Junta de Gobierno, esa unidad la da la Fe.

Ser coherente exige  esfuerzo. La coherencia no viene de serie, ni se adquiere simplemente  con la jura del cargo: hay que cultivarla. Por eso la Formación, que está en las Reglas de todas las hermandades, no es una muletilla más o menos decorativa, es la encargada de proporcionar a los hermanos, especialmente a los que tienen responsabilidades de gobierno, la coherencia necesaria para dirigir la Hermandad.

Sin coherencia la Junta de Gobierno pierde su autoridad, porque  la relación entre el que obedece y el que manda no se establece  por la voluntad o la jerarquía, sino por la razón.

El Papa explica de forma rotunda la forma de adquirir esa necesaria unidad interna: Es necesario rezar, porque para vivir la coherencia cristiana es necesaria la oración, porque la coherencia cristiana es un don de Dios y debemos pedirla: ¡Señor, que yo sea coherente! ¡Señor, que yo jamás escandalice, que yo sea una persona que piensa como cristiano, que sienta como cristiano, que actúe como cristiano!. Esta es la coherencia de vida de un cristiano. Y que cuando caigamos, por debilidad, que pidamos perdón.  (Francisco en la Misa de Santa Marta, el 27-02-2014).