El Papa Francisco en Nápoles

El Papa Francisco en Nápoles denunció, de nuevo, el tipo de política que es incapaz de ofrecer un trabajo digno,  a quienes desde el poder, político y financiero,  no hacen lo suficiente para luchar contra el paro y el trabajo esclavo.  Además también hablo de los que cierran la puerta  a los emigrantes. Con gran dureza expreso que: "Una sociedad corrupta apesta. Un ciudadano que deja que le invada la corrupción no es cristiano".

 

También resulta sugerente que estas ideas las desarrollara en el barrio de la Scampia, periferia donde las haya, con un 57% de paro,  de nuestras ciudades de lujo, corrupción y despilfarro. El Papa nos ha reiterado que salgamos a las periferias, e insiste que hay muchos tipos de periferias, pero las referidas a los suburbios urbanos las tenemos cerca, y el Papa ha ido y ha hablado.

 

Una juventud como la que vive en este tipo de suburbios, que existen en todas las ciudades, se desespera y puede caer en caminos oscuros de los que puede no salir; la responsabilidad de los que tiene el poder y el dinero es absoluta y no deben mirar para otro lado, separados de la realidad que contribuyen a generar, en un sistema económico injusto. Por ello, nos ha dicho que no seamos una "casta", que las hay, aislada de los desposeídos. En relación con la falta de trabajo en los jóvenes, manifestó que constituye una señal de que el sistema no funciona, incluso precisó que no ofrecer un trabajo justo es una forma de corrupción.

 

Esta idea resulta llamativa cuando en el escenario de determinadas reformas laborales se explota de forma llamativa, especialmente a los jóvenes, muchas horas y salarios muy bajos, sin contestación posible, bajo la idea de que se crea trabajo y crecemos; también crecen las diferencias. Recordemos que el Papa dijo, en diciembre de 2013, que estemos presentes los cristianos en el debate público, en todos los ámbitos donde la causa sea el ser humano.

 

El Papa Francisco habla, dice cosas muy importantes para cambiar la realidad material, conviene que quienes tienen la posibilidad de cambiar las cosas lo escuchen, especialmente si son cristianos. No hay excusa.