Testimonios de los peregrinos jóvenes de Roma y Asís

Alrededor de cuarenta jóvenes han peregrinado este verano a Roma y Asís con la Pastoral Juvenil

La peregrinación a Roma y Asís ha estado marcada por un grupo de jóvenes muy diverso y algunos retrasos imprevistos. Sin embargo, los contratiempos y aparentes dificultades sólo han contribuido para hacer de este grupo una gran familia y un viaje directo al amor de Dios. Cada uno de los peregrinos, con sus circunstancias, experiencias, devociones y personalidades han antepuesto las necesidades del compañero a las suyas propias. Desde el primer día, tenían muy claro el destino de este viaje: el encuentro con el Señor.

Son innumerables los lugares visitados, en cuántas iglesias nos hemos detenido para orar, dar gracias y presentar nuestras intenciones. También los momentos de alegría y emoción, como la misa en las Grutas Vaticanas frente a la tumba de san Pedro, el rezo del Angelus con el Papa. U otros espacios para el ocio y el encuentro fraterno como los cantos y bailes en el Trastevere o frente al Castillo de Sant’Angelo. O la sorpresa de la visita del Arzobispo hispalense, monseñor Juan José Asenjo.

Son tantas las vivencias que aún es difícil hablar de la impresión que causa la extraordinaria belleza de la ciudad de Roma. Destacan sus calles, sus monumentos, de la riqueza artística y espiritual que alberga y del encanto de la ciudad medieval de Asís. No obstante, las primeras palabras de algunos de los jóvenes peregrinos muestran qué ha significado para ellos y cómo han vivido esta peregrinación:

“Aunque el viaje empezó totalmente distinto a cómo se había pensado, Dios ha sabido compensarnos con creces, ya que el poder celebrar una misa delante de la tumba del Papa de la Juventud, en las Grutas Vaticanas o que el Papa nos dedique un saludo en San Pedro es algo impagable. Dios se ha hecho presente entre nosotros de distinta manera, pero con el mismo fin, que seamos capaces de decir sin miedo que sí, que somos creyentes y que estamos contentos de ello. Los días pasarán, pero el recuerdo, las vivencias, las amistades es algo que jamás olvidaremos ninguno de nosotros”. Bernardo

“Ha sido una semana de crecimiento tanto a nivel personal como espiritual. He tenido la suerte de ser de los pocos afortunados que ha disfrutado de la experiencia que Dios ha puesto en nuestro camino y a las personas con las que lo he compartido y por las que estoy muy agradecido”. Carlos

“Han sido siete días de los más completos en los que he conocido todas las esquinas de Roma, he conocido mejor al Señor y he tenido la gran oportunidad de encontrarme con gente que me ha aportado mucho, cada uno de diferentes maneras”. Candela

Al principio de la Cuaresma me enteré de que había una peregrinación a Roma y Asís y sin dudarlo me apunté. No solo he resuelto muchas dudas en la fe, sino que descubrí que el señor quería que siguiera confiando en Él para vivir cosas grandes con cuarenta personas que de no conocerlos pasaron a ser hermanos por los que dar la vida por ellos”. Pedro

“La felicidad compartida es más, y si Dios es el artífice de ésta, es una felicidad plena”. Carmen Curquejo

“Después de una mala racha el Señor me dio la mejor oportunidad que podría haber imaginado, una peregrinación a Asís y Roma donde Jesús me demostró la cantidad de personas maravillosas que tengo a mi alrededor y por las que merece la pena vivir. Gracias a ellos me he dado cuenta de lo maravilloso que es el Amor de Dios. Gracias a todos ellos”. Germán

“Esta peregrinación ha supuesto un viaje directo al corazón de Dios. Ha conseguido que un grupo de cuarenta jóvenes se entregaran por completo a tres maravillosos sacerdotes para conocer la locura de la fe y vivir cosas muy grandes”. Carmen Castro

“Llevaba esperando la peregrinación desde que nos la anunciaron ya que a pesar de haber ido antes a Roma, esta vez iba a ser distinta. Y así lo ha sido, distinta y mejor. Agradezco a los sacerdotes que nos han acompañado física y espiritualmente, nos han ayudado a darnos cuenta del Amor que Dios nos tiene. Ahora toca llevar la alegría que hemos vivido a nuestras casas y parroquias porque «nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído»”. Inma

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