Geopolítica de las obras de Misericordia: dar posada al peregrino

Las obras de Misericordia de la Iglesia Católica  tiene un valor universal; si se llevasen a la práctica, independiente de las creencias o la ausencia de ellas, el mundo sería otro. El Evangelio de san Lucas nos relata (Lc, 2,7) la búsqueda de un lugar, una posada para pasar la noche, posiblemente muy fría, de José, María y un Jesús recién nacido: y dio a luz refugiados siriaun  su hijo primogénito, y le envolvió en pañales y le recostó en un pesebre, pues no había para ellos lugar en el mesón. Venían de otra ciudad, buscaban cobijo y no lo hallaron. Esto ocurrió hace más de 2.000 años, pero acontece hoy cada día. Vivimos en un mundo que no da posada al peregrino, al migrante que busca un lugar donde vivir, donde cobijarse, de una situación de inequidad de la que parte.

Hoy, en el ya avanzado siglo XXI las guerras son una causa importante de migraciones, pero no ponemos fin a las guerras y sí impedimos el paso a los migrantes que huyen de ellas. Hay también migraciones por causas ambientales, por ejemplo, el cambio climático. Decenas de miles de personas tendrán que migrar de su países debido a la falta de recursos e inclemencias  motivadas por un cambio climático que no han originado, y los países a los que tratan de llegar, que si tiene culpa del cambio climático, les cierran las fronteras. De nuevo vuelva la imagen de José, María y Jesús deambulando por espacios fríos encontrando puertas cerradas. Adela Cortina, en su libro Aporofobia, el rechazo del pobre (2017, Ediciones Paidós) nos dice que «lo que molesta de los inmigrantes y refugiados es que sean pobres».

Escribía nuestro Arzobispo, Don Juan José Asenjo Pelegrina, en enero de 2017 en el marco de la «Jornada mundial del emigrante y el refugiado», lo siguiente: «ninguna sociedad puede tenerse por cristiana si desoye el clamor de inocentes que necesitan ayuda». Y también nos recordaba,  ante los flujos migratorios como signo de estos tiempos, que «la respuesta cristiana a esta realidad no puede ser otra que la de la ley de Dios no oprimirás ni vejarás al forastero (DT, 10,19). La Unión Europea debería plantearse estas bellas ideas, y el Gobierno de España también. ¿Qué sociedad estamos construyendo en este mundo globalizado e hipercomunicado? ¿Dónde están la inclusión y la ternura? ¿Adónde fue la Misericordia?

 

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