Acompañando a los jóvenes de hoy

El anhelo mayor de toda persona se podría resumir en amar y ser amado y, de alguna manera, su carencia es la que acerca a las personas a un COF. Por tanto, aquel que acompaña tiene la maravillosa oportunidad de atender a esas personas, y esto es un privilegio, una responsabilidad y una oportunidad. Un privilegio porque es un acto de amor desinteresado, una responsabilidad porque se confía en el acompañante como autoridad, autoridad en el sentido de servicio al otro, y una oportunidad porque siempre es un momento de posible crecimiento interior para ambos.

Si preguntamos a los adultos sobre los jóvenes encontraremos respuestas como estas: “Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.” “El mundo en que vivimos ha alcanzado una fase crítica. Los hijos no obedecen ya a sus padres”. Estas opiniones fueron vertidas por Sócrates, filósofo griego que vivió hace unos 2500 años, y por un sacerdote egipcio que vivió hace más de 2.000 años. Con estos ejemplos deberíamos entender que el salto generacional entre adultos y jóvenes ha existido siempre. Pero es cierto que las generaciones actuales tienen características diferentes a las anteriores; no se puede negar que están viviendo un cambio de época y no una época de cambios. Nunca antes los padres les dedicaron tanta atención, les protegieron como ahora, y a esto se añade la inseguridad sobre su futuro laboral y las relaciones sociales radicalmente transformadas por Internet.

La familia es el referente vital más importante para los jóvenes

Merece la pena dedicar tiempo al estudio que ha realizado la Fundación Santa María sobre los jóvenes españoles. Algunas de sus conclusiones son las siguientes: La familia es el referente vital más importante para el 97% de los jóvenes, y para la mayoría es “el lugar donde se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo.” Crece el interés por la política y desciende su confianza en las principales instituciones. Se ven a sí mismos como “consumistas”, “rebeldes, y “demasiado preocupados por la imagen” que proyectan a los demás. El ocio ocupa un lugar central en la cultura juvenil.

Me quedo con el primer dato: la familia es la institución más importante para ellos, el referente vital. Luego la crisis de la familia es la crisis de sus raíces. Por lo que todo el trabajo que se haga con las familias, se hace con ellos directa o indirectamente.

No podemos olvidar que son también generaciones de emprendedores, personas capaces de labrar sus propios caminos, creativos y muy capaces de levantarse después de una caída. Están llenos de riquezas interiores que hay que saber ver, aunque para ello hay que quitarse las gafas de los prejuicios. Hay momentos en los que parece que les exigimos lo que nosotros no somos capaces de dar. Todos tienen razones para tener una visión positiva o negativa de la juventud, pero es desde la primera desde donde es más fácil realzar el acompañamiento; no se trata de ignorar las debilidades, pero sin un reconocimiento de las fortalezas es muy difícil ayudarles a crecer.

Acompañando jóvenes

Imaginemos que estamos en casa tranquilamente haciendo algo que nos gusta, y de repente alguien cercano comienza a decir que estoy perdiendo el tiempo y que deje lo que tengo entre manos. Y además que lo haga a la voz de ya, y nos da instrucciones de lo que tendrías que comenzar a hacer en ese momento. En la mayoría de los casos esta situación terminaría en un conflicto. Vale, a los padres les corresponde guiar a los hijos y tienen que meterse en su vida, y eso no pasa de la misma manera con los adultos. Siendo esto cierto, no deja de ser válido todo lo relacionado con las formas, no escuchar, no tener en cuenta al otro, etc.

El siguiente paso podría ser recordar qué se pretende. Según lo que escribí antes, sería ayudarle a que encuentre un camino para acercarse a su meta. Es muy importante recordar que la mayor parte del tiempo, de los problemas y disyuntivas que encuentre, las pasará sin nuestra presencia y las tendrá que superar con sus herramientas. Se trata más bien de ayudarle a creer en ellas, a mostrarle cómo darle usos que él no sabía que tenía.

Con respeto a la libertad del joven

El acompañamiento requiere entender que en el camino de la vida del joven que tenemos delante no vamos delante, ni detrás, ni debajo ni arriba. Durante más bien bastante poco tiempo, vamos a su lado, andando con él mientras él lo permita; es el momento de generar un intercambio que enriquezca a ambos. No se viene a imponer soluciones ni a demostrar que tenemos la clave, ni a juzgar; se viene sobre todo a escuchar, pero a escuchar de verdad, de manera que se ponen los cinco sentidos en la persona que está delante, para entenderle, para captar lo que realmente quiere decir y sobre todo para que no crea que está ante el médico que quiere recetarle una pastilla para su mal. El respeto a su libertad debe ser enorme, pues es desde su propia decisión que puede girar el timón de su vida.

Con frecuencia acuden jóvenes que se sienten señalados en negativo y tienen un autoconcepto muy pobre de sí mismos. Es impresionante el poder de la palabra de un adulto cercano a un joven, no lo podrían creer la mayoría de los adultos, pero es muy real. La tendencia natural es la de decir sobre todo lo negativo, esto a los adolescentes les lleva a dejar de creer en sí mismos. Y encontrar a alguien que sí cree en él, puede ser de gran ayuda. Sí es posible sembrar una semilla que con el tiempo germine y le ayude a salir adelante.

Un buen acompañante siempre se está formando

Es evidente que no todo puede partir de la buena voluntad. Hay que tener vocación hacia el trato con la juventud, creer en ellos, tener aptitudes y actitudes, y no dejar nunca la formación. Un buen acompañante siempre se está formando, desde un buen libro a una conversación, pasando por un curso, y desde luego se cuestiona a sí mismo sin miedo ni límites.

Por último, quisiera nombrar un peligro que un buen acompañante puede tener: se puede recibir tanto, que se corre el riesgo de caer en la tentación de ir cediendo espacios y tiempos que deberían estar dedicados a la propia familia.

Conclusiones

El valor y el poder de creer en el que se tiene delante puede llegar a sorprender. Por otra parte, se está ahí para acompañar, no para resolver; no es responsabilidad del acompañante resolver problemas. Además, hay semillas que necesitan su tiempo para germinar.

Permítanme terminar con una referencia al Nuevo Testamento: “Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada.” (1 Corintios 13,2) Aquello que debe realmente mover es el amor, el amor sincero y profundo por las personas, porque todas ellas valen por el simple hecho de serlo. Y si soy creyente, sé también que Dios es quien confiere de la más alta dignidad a toda persona. Termino con una cita de Mateo: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.” En otras palabras, tenemos a algo más que una persona delante nuestra a la que tratar.​

Manuel García de Polavieja
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