La vocación temprana de un monaguillo

Jorge Manuel Franco Ortega es monaguillo de San Bernardo. Tiene 18 años y desde muy pequeño tuvo clara su vocación. Dice el diccionario de la RAE que ‘vocación’ es la inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión. Jorge es joven y todavía puede llegar a ser médico, albañil o ingeniero, pero él lo tiene claro: dice que lo suyo es una “vocación temprana”. Una vocación de servir a Dios.

Jorge estudia en el Seminario Menor de Sevilla  y pertenece a una familia normal, creyente y practicante. No imagina una vida distinta a la que vive porque tiene su vocación clara desde muy pequeño; su infancia y su adolescencia las ha centrado en jugar, estudiar…  y seguir al Señor.

Recuerda emocionado asistir junto a su familia a los oficios de Semana Santa en las Hermanas de la Cruz y a las misas dominicales en su Parroquia de San Bernardo.  En su vida de parroquia comenzó a ayudar al párroco como monaguillo, y en una de esas Eucaristías dominicales, en el momento de la consagración, sintió que el Señor le estaba llamando a servirle en el altar: “Me pregunté porqué yo no podría hacer lo mismo que el sacerdote, y la sensación de la llamada fue intensa, clara, y yo le respondí según su voluntad”.  Jorge es joven, tal vez no sepa mucho de la vida todavía pero no duda en afirmar que siente el gran amor de Dios hacia él: “Llena mi corazón con su bondad dándome fuerzas para el camino maravilloso que me tiene preparado”.

Su día a día transcurre sencillo como el de cualquier otro joven de su edad, entre estudios y amigos, siempre dando gracias por lo afortunado que es. Dedica tiempo a la oración y a la formación; le da los buenos días al Señor, reza en la capilla con sus compañeros y va a las clases por las mañanas. La tarde la dedica al estudio y al final de la jornada asiste a la celebración de la Eucaristía. Concluye el día con el rezo de la oración de completas.

En Jorge se ve algo especial, distinto a otros jóvenes de hoy. Solo tiene 18 años pero tiene claros sus sentimientos y su forma de pensar. Desprende paz interior. Si se le pregunta por su futuro, por lo que espera de su vida, su respuesta es muy clara: “Espero que el Señor me dé fuerzas para completar mi formación y poder servirle cada día a través de  la oración y la Eucaristía. Me gustaría que me guiara para saber llevar a su rebaño con prudencia y sabiduría”.

Jorge Manuel lo tiene claro. Hoy su vocación la vive en la espera siendo seminarista menor y en su Parroquia de San Bernardo. Mañana, Dios dirá.

 

 

 

Testimonio recogido por Jesús García Chamizo

 

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