COFRADÍAS Y VIDEOCLIPS

Finalizamos, con este tercer post, la pequeña serie dedicada a los grupos jóvenes que los próximos días 6, 7 y 8 se reunirán en el III Encuentro Nacional de Jóvenes Cofrades. Nuestra intención ha sido facilitarles algún material de reflexión. En cualquier caso esperamos que estos días sean de gran interés y provecho para todos.

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 Es evidente que estamos viviendo en la  cultura de la imagen. Eso quiere decir que  los modelos culturales actuales se crean, fundamentalmente, a partir del lenguaje visual.  En los más jóvenes la influencia del lenguaje visual es más intensa, la estética y el lenguaje de los videoclips condicionan en ocasiones sus patrones de comportamiento. Parece oportuno, por tanto, plantearse la necesidad de analizar e incidir en el desarrollo de la cultura de la imagen desde una perspectiva ética y humanista.

Las hermandades aportan un importante componente visual a su actividad: altares de culto, insignias, encuadres, fotos: pura imagen. La cofradía en la calle con sus pasos, música y cuerpos de nazarenos, que se van sucediendo casi sin solución de continuidad conforman un espectáculo insólito.

Ante este despliegue de sensaciones audiovisuales continuas se corre un peligro: convertir  la Semana Santa en un gran  videoclip, asumiendo sus modelos  culturales, y haciendo que su estética y mensajes  se trasladen al resto de actividades de los  grupos jóvenes de las hermandades.

Pero ¿cuáles son las claves del lenguaje de los videoclips? Su propia sintaxis, la discontinuidad, que hace que se pierda el mensaje original, envuelto y difuminado en una serie de imágenes sucesivas, en continuo cambio, que nos envuelven, y que se construya un nuevo mensaje, efímero y envolvente, compuesto sólo de imágenes y sonidos.

camara de videoAnte un paso de palio, más que la contemplación de la Madre Dolorosa que reclama la atención de sus hijos, o del misterio que expone a la consideración de quienes lo contemplan la magnitud de la Redención, lo que prima son  las imágenes que se perciben, la  atmósfera que se crea con el paso meciéndose al son de una marcha, entre nubes de incienso, a la luz de la candelería. Apenas se ve un paso hay que ir a otra parte, para  ver  otra cofradía, con su música, su incienso, su movimiento y, además, integrándose uno mismo en  la coreografía al meterse a andar de  espaldas, en la bulla, delante del paso.

Y después otra cofradía más.

Es la lógica del videoclip, la lógica del inconsciente, en la que el todo se construye con la suma de las partes, creando una nueva realidad. Realmente ¿qué interesa: el mensaje o la presentación del mismo?

Si hay algún grupo especialmente sensible a este tipo de estructuras de comunicación es el de quienes  se  han educado en un mundo de imágenes y han ido construyendo su cultura  de forma visual. No seré yo quien me oponga a este proceso, especialmente si la cultura adquirida tiene unas dosis suficientes de coherencia y consistencia; pero es importante verificar que esa cultura,  ese conjunto de creencias y valores compartidos, se alinea con la cultura de la Hermandad y con la Iglesia. Decía hace unos días en este blog que para la consolidación del Grupo Joven de la Hermandad “música  y guitarras no es suficiente, en ocasiones tampoco es necesario. No se puede tratar a los jóvenes como a inmaduros a los que hay que poner “azúcar en la píldora que os dan”. Es importante saber ver más allá del espectáculo de luz y sonido de las procesiones, que han de reforzar el mensaje, no reemplazarlo.

Si la cofradía en la calle no sirve para aumentar y reforzar la fe de los participantes o espectadores, sencillamente no sirve.

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